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"SALUD MILITAR" Volumen 26 Nº1
Julio 2004 |
ACTUALIZACION
Ps.
Mercedes Navarro
Ps. Pilar Silveira
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RESUMEN
Concepto
que surge desde las ciencias sociales para caracterizar a las personas que viviendo en condiciones
de alto riesgo, se desarrollan psicológicamente sanas y socialmente
exitosas.
A esta
capacidad interior del ser humano, para hacer frente a la adversidad,
superarla y ser transformado positivamente por ella se le llama RESILIENCIA.
Werner
en 1992, estudió un grupo de personas durante 40 años, llegando a la
conclusión que niños “condenados” a presentar problemas en el futuro,
según el enfoque de riesgo, llegaron a ser exitosos, constituir familias
estables y contribuir positivamente a la sociedad. Ante esto surge el
concepto de invulnerabilidad para describir a las personas sanas que se han
desarrollado en ambientes insanos.
La
rigidez y determinismo de este vocablo hace que se opte, por el de
RESILIENCIA, que evoca la elasticidad y la flexibilidad.
Mientras
el enfoque de riesgo se centra en la enfermedad, el síntoma y las características
que se asocian a una elevada probabilidad de daño; el enfoque de
resiliencia, se explica a través de lo que se ha llamado el modelo del
desafío, en el cual, las fuerzas negativas no encuentran a una persona
inerme en la cual se determinarán daños permanentes. Describe la
existencia de verdaderos escudos protectores que atenúan los efectos
negativos y los transforman en factores de protección y fortalecimiento.
Surgen
así, características de personalidad que configuran un perfil resiliente y
formas de estimularla en las distintas etapas de la vida.
“TODOS TENEMOS LA
SEMILLA DE LA RESILIENCIA,
DE
CÓMO SEA REGADA, DEPENDERA SU
BUEN CRECIMIENTO”
Palabras de un adolescente de Nueva York
El vuelo del Halcón
Un
rey, recibió como obsequio dos pequeños halcones y los entregó al maestro
de cetrería para que los entrenara.
Pasado
unos meses, el maestro le informó al rey que uno de los halcones estaba
perfectamente, pero que al otro no sabía qué le sucedía, no se había
movido de la rama donde lo dejó desde el día que llegó.
El
rey mandó llamar a curanderos y sanadores para que vieran al halcón, pero
nadie pudo hacerlo volar.
Al
día siguiente el monarca decidió comunicar a su pueblo que ofrecería una
recompensa a la persona que hiciera volar al halcón. A la mañana
siguiente, vio al halcón volando ágilmente por los jardines. El rey le
dijo a su corte:
-
“Traedme al autor de este milagro”.
Su
corte le llevó a un humilde campesino.
El
rey le preguntó:
-
“¿Tú hiciste volar al halcón? ¿Cómo lo hiciste? ¿Eres acaso un
mago?”
Intimidado
el campesino le dijo al rey:
-
“Fue fácil mi señor, solo corté la rama y el halcón voló, se dio
cuenta que tenía alas y se largó a volar.”
Quizás
la predicción fuera que al cortar la rama el halcón caería, pero la
adversidad le dio la oportunidad de descubrir su potencial y pudo volar.
¿Cuántas
veces observamos en nuestro entorno personas que como el halcón, se
enfrentan a situaciones de tragedia o estrés que parecen imposibles de
superar? ¿Cuántas veces, sin embargo, la realidad nos muestra que no solo
la superan sino que salen fortalecidos de esas crisis?
A
esta capacidad interior del ser humano para hacer frente a las adversidades,
superarlas y ser transformado positivamente por ellas, se la llama RESILIENCIA.
Pensemos
en ejemplos de vida, que dan testimonio de esta capacidad; Rigoberta Menchu,
Ana Frank, Beethoven, pueblos enteros que han sido expuestos
a la persecución y al aislamiento.
Un poco de Historia
Durante mucho tiempo, las ciencias humanas, pusieron
el énfasis en los elementos patológicos. Surgen así en las
investigaciones descripciones detalladas de las enfermedades, intentando
descubrir las causas o factores determinantes de ellas.
En este enfoque muchas interrogantes quedaron sin
respuestas: ¿por qué personas expuestas a situaciones de riesgo
contradiciendo toda predicción negativa, logran transformar la tragedia en
oportunidad de desarrollo y equilibrio interior?
Un hito lo marcó Werner en 1993, quien estudió un
grupo de personas desde el nacimiento hasta los cuarenta años llegando a la
siguiente conclusión:
- niños “condenados” a presentar problemas en el futuro según el
enfoque de riesgo, llegaron a ser exitosos, constituir familias estables y
contribuir positivamente a la sociedad. (1)
La observación de estos niños, la condujo al
concepto de invulnerabilidad, entendiendo éste, como el desarrollo
de personas sanas, en ambientes insanos.
Ante la rigidez y el determinismo que este vocablo
genera, con connotaciones de orden genético o biologicista se optó por
“resiliente” que evoca desde el adjetivo en inglés (resilient) la
elasticidad y desde la metalurgia, la capacidad de algunos materiales de
recobrar su forma original, después de ser sometidos a una presión
deformadora.
Se adoptó el término en las ciencias sociales, para
caracterizar a las personas que
viviendo en condiciones de alto riesgo, se desarrollan psicológicamente
sanos y socialmente exitosos.
Algunas definiciones
A partir de la década del 80 han surgido múltiples
definiciones de las cuales extraemos algunas:
Þ “Habilidad para resurgir de la adversidad, adaptarse, recuperarse y acceder a una vida significativa y productiva” ICCB, Institute on Child Resilience and Family, 1994 (2)
Þ
“La resiliencia se ha caracterizado
como un conjunto de procesos sociales e intra psíquicos que posibilitan
tener una vida sana en un ambiente insano. Estos procesos se realizan a través
del tiempo dando afortunadas combinaciones entre los atributos del niño y
su ambiente familiar, social y cultural. Así la resiliencia no puede ser
pensada como un atributo con que los niños nacen o que los niños adquieren
durante su desarrollo, sino que se trata de un proceso que caracteriza un
complejo sistema social, en un momento determinado del tiempo”. Rutter,
1992. (3)
Þ
“La resiliencia distingue dos
componentes: la resistencia frente a la destrucción; es decir, la capacidad
de proteger la propia integridad bajo presión; por otra parte, más allá
de la resistencia, es la capacidad de forjar un comportamiento vital
positivo pese a circunstancias difíciles”
Vanistendael, 1994(4)
Lejos de ser excluyentes, el enfoque de riesgo y el de
resiliencia, son complementarios y solo
tomando en cuenta ambos, tendremos una visión abarcativa de la situación
que nos permita la promoción de salud.
El enfoque de riesgo se centra en la enfermedad, en el
síntoma y en aquellas características que se asocian a una elevada
probabilidad de daño biológico o social.
Recordemos el concepto de Burnout, en el cual tratamos
de conocer los factores de riesgo de la profesión docente, que podían
facilitar la instalación del síndrome. Conocerlos nos permite actuar sobre
ellos y/o prevenir su aparición, minimizando sus efectos negativos.
El enfoque de resiliencia se explica a través de lo
que se ha llamado el modelo del desafío, en el cual las fuerzas negativas
no encuentran a una persona inerme, en la cual se determinarán daños
permanentes.
Describe la existencia de verdaderos escudos
protectores que atenúan los efectos negativos y los transforman en factor
de superación y fortalecimiento.
Este concepto acrecienta así, la capacidad de análisis
de la realidad y la posibilidad
de intervenir preventiva y terapéuticamente.
Como lo expresáramos en el artículo sobre Burnout,
el promover la resiliencia se constituye en un factor protector del mismo.
Es fortaleciendo el Yo y neutralizando los factores de
riesgo, como obtendremos las mejores estrategias de salud.
La resiliencia es entonces, un concepto dinámico, resultante del equilibrio entre factores de riesgo, factores protectores y la personalidad del ser humano.
Ciertas características nos permiten reconocer la
posibilidad de ser resiliente.
Ellos son:
§
control de las emociones y de los
impulsos
§
autonomía
§
sentido del humor
§
concepción positiva de sí mismo
§
empatía
§
capacidad de comprensión y análisis de
las situaciones
§
competencia cognitiva
§
capacidad de atención y concentración
Existen condiciones del medio social y familiar que
favorecen la posibilidad de ser resiliente:
§
la seguridad de un afecto incondicional
§
la relación de aceptación por un
adulto significativo
§
la extensión de redes informales de
apoyo
“TODOS TENEMOS LA
SEMILLA DE LA RESILIENCIA,
DE
CÓMO SEA REGADA, DEPENDERA SU
BUEN CRECIMIENTO”
Palabras de un adolescente de Nueva York (5)
Etapas de la Vida y Resiliencia
“La promoción de la
Resiliencia no es tarea de un sector determinado, sino la de todos los
adultos que tiene la responsabilidad de cuidar y proteger a niños y
adolescentes, asegurarles afecto, confianza básica e independencia.” (6)
EN LA
NIÑEZ
Grotberg (1995) ha creado un modelo donde caracteriza
a un niño resiliente a través de lo que es capaz de verbalizar:
“Yo tengo”, “Yo
soy”, “Yo estoy”,
“Yo puedo”
En todas estas verbalizaciones aparecen las
características del perfil resiliente descriptas en el artículo anterior:
autoestima, confianza en uno mismo y en el entorno, autonomía y competencia
social.
También aquí se aprecia un proceso de causalidad
circular que se retroalimenta en forma permanente.
Yo tengo personas que a través de su afecto
incondicional me hacen sentir que yo soy una persona digna de afecto y
cariño. Contando con esa base sólida de confianza en mí mismo y en el
entorno, puedo sentir que yo estoy seguro de que todo saldrá bien, porque
también yo puedo hablar de las cosas que me asustan o me inquietan,
equivocarme y encontrar la forma de resolver los problemas.
La posesión de estas atribuciones verbales puede
considerarse como un estímulo permanente de resiliencia, el sentido de
estos verbos sería:
TENGO
§
Personas alrededor en quienes confío y
quienes me quieren incondicionalmente.
§
Personas que me ponen límites para que
aprenda a evitar peligros o problemas.
§
Personas que me muestran a través de su
conducta, la manera correcta de proceder.
§
Personas que me ayudan cuando estoy
enfermo o en peligro o cuando necesito aprender.
§
Personas que quieren que aprenda a
desenvolverme solo.
SOY
§
Una persona por la que los demás
sienten aprecio y cariño.
§
Feliz cuando hago algo bueno para los
demás y les demuestro mi afecto.
§
Capaz de aprender lo que mis maestros me
enseñan.
§
Respetuoso de mí mismo y del prójimo.
ESTOY
§
Dispuesto a responsabilizarme de mis
actos.
§
Seguro de que todo saldrá bien.
§
Triste, feliz, enojado, asustado...etc.,
lo reconozco y lo expreso con la seguridad de encontrar apoyo.
§
Rodeado de compañeros que me aprecian.
PUEDO
§
Hablar sobre cosas que me asustan o me
inquietan.
§
Buscar la manera de resolver mis
problemas.
§
Buscar el momento adecuado para hablar
con alguien o para actuar.
§
Controlarme cuando tengo ganas de hacer
algo peligroso o que no está bien.
§
Encontrar a alguien que me ayude cuando
lo necesito.
§
Equivocarme sin perder el afecto de mis
padres o las personas significativas que me rodean.
§
Sentir afecto y expresarlo.
Es así que ante las adversidades un niño resiliente,
puede ”recurrir a la fuerza interior” (soy/estoy), que
el adulto significativo le ayude a adquirir, puede “recurrir a la
habilidad con las relaciones sociales y humanas” (puedo) , que le ayuden a
cultivar, y puede ”recurrir a los medios y al apoyo que se le brinde”
(tengo).
Como agentes de salud y docentes podemos promover la
resiliencia si nos transformamos en facilitadores, desde la educación
formal e informal, de situaciones que producen estas verbalizaciones en cada
niño y adolescente que crece... y por qué no...de adultos que comparten
nuestro entorno.
Padres, maestros, comunidad y sociedad, son
indispensables para fomentar la resiliencia en los niños.
Desde el nacimiento van aprendiendo sobre la confianza
y la autonomía.
El bebé confía en la persona que incondicionalmente
lo cuida, lo quiere, lo consuela y lo ayuda cuando tiene hambre,
cuando está enfermo, asustado o enojado.
Progresivamente aprende a confiar en su propia
capacidad para alimentarse, asearse, clamarse o controlar mejor su cuerpo.
“Los errores pueden ser una experiencia educativa o
vergonzosa”. Si el adulto critica la forma de resolver los problemas y no
permite el fracaso, lejos de fomentar la resiliencia, lo avergonzará,
comenzará a dudar de su
capacidad, destruirá su autoestima, desconfiando de sí mismo, del adulto y
del mundo.
¿QUÉ PUEDEN HACER LOS PADRES Y ADULTOS PARA FOMENTAR
LA RESILIENCIA EN EL NIÑO?
Constituirse en un adulto significativo que lo quiera,
respete y ayude a tolerar situaciones de frustración, proporciona el amparo
imprescindible para que el niño adquiera, la confianza básica
necesaria para desarrollar su autoestima y potenciar su resiliencia.
Entendemos autoestima como “ la apreciación
que el niño va haciendo de sí mismo, que con los años tiende a mantenerse
en forma más o menos constante y que debería integrar una auto percepción
realista que incluye los aspectos potentes y más débiles de sí mismo”
(7).
El auto concepto integrado a partir de
percepciones de sí mismo y la autoestima, caracterizan la forma como el
niño afronta las dificultades, las crisis y se sobrepone a ellas.
Estas percepciones provienen de la retroalimentación
permanente que proviene del entorno afectivo.
Este entorno afectivo es también, potencial
facilitador de la creatividad, el juego y el humor.
“Crear implica
un proceso dinámico que lleva en sí su origen y meta, que es análogo al
proceso que sigue la solución
de problemas” (8)
Este proceso lleva varias fases, y son los padres la
fuente principal de estimulación de ella, a través del modelo
identificatorio, el relacionamiento con los niños y la capacidad de jugar y
de reírse de uno mismo.
A diario observamos ya en la clase, ya en la consulta,
niños que necesitan del permanente tutelaje del adulto o en su defecto, de
un “aparato” que guíe de alguna manera “su juego”, para “no
aburrirse”. El video juego, la t.v. cable, el club, han venido a sustituir
el cuento compartido, el dibujo libre, los amigos del barrio que estimulaban
la creatividad, la inserción social y la creación de redes fuera del
contexto familiar.
El juego, según Bettelheim, (9) cumple un papel
muy importante en el niño, ya que le permite a éste probar experiencia una
y otra vez, aprendiendo a dominarlas por exhaustivas que éstas sean. En el
fondo le permite ensayar posibles soluciones frente a diversas situaciones.
¿No es riesgoso que esté siendo paulatinamente
desplazado por exigencias cognitivas, falsos juegos interactivos y una
“apretada agenda” símil de la adulta?
Por otro lado, el humor, que el cansancio y el
estrés lo mantiene dormido en el adulto, lo deja paralizado para
estimularlo en el niño, perdiendo así un gran recurso que permite
disminuir niveles de ansiedad, angustia y temor, que permite resistir
situaciones adversas .
El humor se torna negativo, percibiéndose como algo
lesivo a la autoestima, perdiendo de vista su potencial de agente protector.
En la medida en que el niño se siente valioso y
querible, puede ir forjando una
red social en la cual insertarse.
Tomamos el término red social como un grupo de
personas, miembros, vecinos, amigos, y otras personas que aportan ayuda y
apoyo reales y duraderos tanto a la familia como al individuo.
Las largas jornadas laborales, la falta de seguridad
en las calles, la incertidumbre económico-social,
hace que nos “refugiemos” en nuestra casa o en nuestros ámbitos
más pequeños y privados, provocando una progresiva desintegración de las
redes sociales y una sensación de desamparo y soledad, que viven desde su
espacio de niños nuestros hijos.
¿Somos conscientes de que le estamos quitando a
nuestros niños la posibilidad de gestar un grupo de pertenencia y de red de
apoyo necesarios para afrontar dificultades en la vida?
Trascender a las circunstancias y darle
sentido al dolor y al sufrimiento son factores que hacen resilientes a las
personas.
Sólo unidos en el afecto podemos sobrellevar
situaciones adversas, pérdidas significativas, y sentir que esto puede
ayudarnos a enriquecernos juntos y a unirnos más.
Un vínculo afectivo profundo, se basa entonces en una
autoestima positiva, humor, creatividad, sentido de pertenencia, redes
sociales y el sentido de trascendencia de la propia vida.
Teniendo en cuenta esto:
¿QUÉ ACCIONES
PODEMOS DESPLEGAR
A LA HORA DE
PROMOVER LA RESILIENCIA
EN LOS NIÑOS?
DURANTE EL
EMBARAZO
§
comunicarse a menudo con su feto,
pensando en él y hablándole con voz suave, es bueno que se incorpore el
padre a partir del 5º. Mes de gestación.
§
cantarle canciones familiares, exponerlo
a música suave adecuada al medio socio- cultural al que está creciendo.
§
acariciarlo con suavidad a través del
vientre materno.
§
alimentarse adecuadamente y tener
actividad física moderada, evitar el alcohol, cigarrillo o cualquier otra
sustancia potencialmente tóxica.
§
Prepararse para una lactancia exclusiva
y prolongada como modo de fortalecer el apego madre-hijo.
§
Incluir al padre y hermanos en algunas
de estas acciones preparándolos para la llegada del nuevo miembro.
DE 0 A TRES AÑOS
§
Brindarle cariño incondicional,
expresarles afecto físico y verbal.
§
Entre los dos y tres años: fomentar el
cumplimiento de reglas, utilizando métodos de disciplina que no los
humillen ni le generen sentimientos de rechazo.
§
Comportarse de una forma que comunique
confianza y optimismo, que le sirvan como modelos.
§
Entregar elogios por progresos como el
uso del baño, hablar, etc.
§
Impulsarlos para que intenten realizar
actividades en forma autónoma, con mínima ayuda de los adultos.
§
A medida que se desarrolla el lenguaje,
ayudar al niño a reconocer los sentimientos y darles nombre, estimulando la
expresión de ellos.
§
Preparar al niño en forma gradual para
enfrentar situaciones adversas, hablándoles, leyéndoles, recreando
situaciones, jugando, etc.
§
Hablarles con frases que estimulen la
resiliencia, como por ejemplo “Sé que tú puedes hacerlo”.
§
Tener claro en cada momento la capacidad
de afrontamiento del niño, para no exponerlo a situaciones muy por
encima de lo que pueda resolver.
NIÑO DE CUATRO A SIETE AÑOS
§
También aquí, como en todas las edades
es esencial brindarles amor incondicional, adecuado a la edad que transita.
§
Tranquilizarlos abrazándolos y
hablándoles con voz suave, estimulándolos a utilizar técnicas para
calmarse a sí mismos, como por ejemplo. Respirar profundo, etc.
§
Promover confianza, optimismo y
autoestima a través de ayudarlos a encontrar la respuesta adecuada en
situaciones problemáticas personales o sociales.
§
Elogiarlos por acciones que impliquen
independencia y creatividad, como leer un libro, completar un puzzle,
inventar un juego.
§
Mostrar satisfacción ante conductas
autónomas y de colaboración como ordenar sus juguetes, ayudar en alguna
tarea.
§
Estimular el reconocimiento de sus
propios sentimientos y los de los demás, ayudándolo a expresar por
ejemplo. Su disconformidad o enojo.
§
Exponerlo gradualmente a situaciones
adversas, también tomando en cuenta la posibilidad de resolución de las
mismas y ayudándolos a anticiparlas a través de lectura, conversaciones o
juegos.
§
Estimularlos a expresar empatía y
preocupación por los demás: buscar un juguete que se le perdió a un
amigo, ayudar a un compañero que no sabe un trabajo escolar, etc.
§
Fomentar la comunicación, búsqueda de
ayuda y el desarrollo de habilidades de solución de problemas.
§
Ayudarlos a aceptar la responsabilidad
de su conducta y entender que sus acciones tienen consecuencias en un
ámbito de escucha y de respeto , sin enjuiciamiento.
NIÑOS DE OCHO A ONCE
§
Brindar amor incondicional en forma
verbal y física.
§
Ayudarlos a expresar sus sentimientos de
manera adecuada.
§
Modelar conductas consistentes que
comuniquen valores y reglas.
§
Clarificar cuáles son los fundamentos
de las reglas y expectativas.
§
Elogiar el cumplimiento de logros y de
conductas deseables, tales como perseverar y finalizar una tarea compleja.
§
Proveer oportunidades de practicar como
lidiar con los problemas.
§
Alentar la comunicación de hechos de
sentimientos y problemas para que se discutan y compartan.
§
Equilibrar el desarrollo de la
autonomía con la ayuda que debe estar siempre disponible pero nunca ser
impuesta.
§
Impartir las consecuencias o sanciones
con el necesario cariño y afecto para que pueda enfrentarlos y compartirlos
a posteriori.
§
Negociar con él respetando su creciente
independencia, sus nuevas expectativas y nuevos desafíos, protegiéndolos
también a través de los límites.
§
Instrumentarlo en la flexibilidad para
que pueda optar por una postura resiliente ante los problemas: buscar ayuda
en vez de seguir solo en una situación muy difícil, mostrar comprensión
en vez de continuar con enojo y miedo, compartir los sentimientos con
alguien confiable, en vez de continuar sufriendo a solas.
EN LA
ADOLESCENCIA
“Las
adicciones, la violencia, las formas clínicas del malestar de hoy como la
depresión, con un incremento significativo del suicidio; las crisis de
ansiedad y angustia, los trastornos de la alimentación y otros, constituyen
los indicadores psicopatológicos de la actualidad”, en la
adolescencia.(10).
Frente
a esta situación nos parece esencial un abordaje preventivo, centrado en la
estimulación de la resiliencia en esta etapa de la vida.
Compartimos
la visión del adolescente como miembro de un sistema familiar y
social (funcional o disfuncional) , que lo condiciona (no determina) en su
proceso de socialización, permitiéndole incorporar valores, creencias,
modalidades afectivas y cognitivas, a partir de las cuales va a construir su
subjetividad.
Desde
esta perspectiva, la prevención, debe estar orientada a fortalecer
factores protectores
individuales y socio familiares, que lo dejen menos vulnerable a la
problemática cada vez más generalizada de la adicción y la violencia.
Ser
adolescente implica en sí mismo, adoptar una
conducta de riesgo, sólo neutralizable desde el reforzamiento de las
conductas protectoras provenientes de un entorno afectivo de comprensión y
contención.
Cabe
recordar que esta es una etapa de desajuste de la confianza en sí mismo,
puesto que se trata de encontrar la propia identidad.
La
irrupción de cambios físicos, emocionales y sociales, hace que pierda la
confianza en sus propias posibilidades en tanto aún no las conoce bien.
La
confianza básica, en la cual se asienta la resiliencia, se tambalea.
Sólo
desde el sostén de la familia y el sistema educativo, se hará posible, la
recuperación y el fortalecimiento de la confianza en sí mismo.
¿QUÉ PUEDEN HACER LOS ADULTOS
Y LOS PADRES PARA FOMENTAR
LA RESILIENCIA EN EL ADOLESCENTE?
§
Brindar afecto incondicional.
§
Estimular el desarrollo de las
capacidades de escuchar, de expresión verbal y no verbal y de comunicación
en general, a través de modelos de escucha y comprensión, negociando y no
juzgando.
§
Fortalecer la capacidad de la rabia-
enojo y de las emociones en general, ayudándolo a encontrar canalizaciones
adecuadas de las mismas, sin pretender una postura adulta ante las mismas.
§
Reforzar la capacidad de resolución de
problemas a través de un amplio espectro de soluciones, flexibles y
realistas.
§
Ofrecer preparación para enfrentar las
dificultades de inserción en el mundo adulto: trabajo, pareja.
En
tanto la crisis adolescente, implica también, como lo mencionamos al
principio, la inserción en un contexto socio-familiar, se hace
imprescindible, respaldar a padres y educadores en su rol y en su
vínculo con el adolescente.
Resultaría
recomendable la realización de Talleres para Padres y Educadores con el
objetivo de:
§
Reforzar los conceptos de protección
familiar y procreación responsable.
§
Fomentar la habilidad de reconocer los
esfuerzos y logros.
§
Desarrollar la capacidad de
comunicación afectiva con los adolescentes.
§
Aclarar los roles desempeñados dentro
de la familia y favorecer el establecimiento de límites razonables para
cada uno de los miembros.
§
Favorecer la presencia de al menos, un
adulto significativo para el adolescente.
Finalmente,
quisiéramos compartir una historia que menciona M.M. Casullo (11) en uno de
sus textos.
Menciona
un relato en que un niño austriaco, llamado Adolf Hitler, fue derivado por
su médico de cabecera, Ernest Bloch, a una consulta con su colega Sigmund
Freud, debido a sus muy frecuentes pesadillas nocturnas, en las que
aparecían monstruos malignos, caídas en abismos profundos y oscuros,
persecuciones en las que inevitablemente era capturado y azotado hasta
desear morir.
Freud,
según la publicación, fue terminante en su apreciación diagnóstica: la
patología era severa, y eran necesarios la internación y el tratamiento.
El
padre de Adolf, se opuso terminantemente al tratamiento. La relación de
éste con su hijo se caracterizaba por el maltrato y por disfrutar
humillándolo.
La
crisis psicológica del futuro Führer, hizo eclosión cuando en 1907 y
1908, siendo ya adolescente, no fue admitido como alumno en la Academia de
Artes de Viena.
Nos
preguntamos: ¿No hubiera cambiado el curso de la historia si aquel niño
hubiera recibido la atención y el afecto adecuado? ¿O si en la Academia el
adolescente hubiera recibido la valoración de un adulto significativo?
¿Cuántas
veces está en nuestras manos cambiar el rumbo de muchas historias? ¿Nos
damos cuenta de ello?
EN EL
ADULTO
Si
tomamos en cuenta las encuestas epidemiológicas mundiales de la OMS, que
prevén que actualmente una
persona de cada dos ha sufrido o sufrirá un grave trauma durante su vida
(guerra, violencia, violación, maltrato, etc); que una de cada cuatro
personas experimentará al menos dos traumas graves, y las demás no
escaparán de
alguna prueba a la que
la someta la existencia, es importante recordar que, como todo en la vida,
la resiliencia, tampoco es para siempre.
Nos
gustaría acá, mencionar la imagen de “la casa de la resiliencia”, como
un concepto dinámico, en un continuo proceso de construcción y
reconstrucción y que varios autores aluden a ella. (12)
Es
así que la casa, necesita un terreno firme, en el cual se asentarán los
cimientos, que darán base a
las paredes, que formarán la estructura para afirmar el techo.
Luego
podemos decorarla, hermosear su entorno, volverla acogedora...... en un
proceso que nunca acaba, pues siempre hay
“algo para hacer”.
Del
mismo modo, la resiliencia necesita también
un terreno firme en el cual apoyarse, nos referimos a las necesidades
básicas cubiertas y al amor incondicional que fomente
la confianza básica.
De
ahí en más podemos construir las redes sociales (familia, amigos,
maestros, vecinos) que signifiquen los cimientos que sostengan afectivamente
la estructura.
Sobre
ella se podrán construir la autoestima, conociendo las aptitudes y
competencias, desarrollando el humor, la creatividad e ir forjando el
sentido de vida.
Ya
en la culminación, el techo, simbolizando las potencialidades y
experiencias de vida a descubrir y enfrentar.
A
veces los vientos son muy fuertes y la casa se tambalea, los problemas
abruman y se duda de la autoestima, la casa puede desmoronarse en
parte, y entonces hay que apoyarse en aquello que queda intacto para
reconstruirla. En otras situaciones, como en un terremoto, el suelo se
resquebraja y la casa se desaparece, aún así, un adulto que nos quiera
en forma incondicional, alguien que nos ayude a verbalizar
nuevamente: “yo tengo”- “yo estoy”- “yo soy”- “yo puedo”
hará que se reconstruya la “casa de la resiliencia” aún más
fuerte...porque habremos aprendido cuáles eran sus “debilidades” y
“fortalezas.
En
nuestra historia vital, lleva muchos esfuerzos construir la resiliencia, hay quienes tienen más potencial que otros,
quienes cuentan con más apoyos exteriores y afectivos, hay quienes tienen
muchos buenos eventos y pocas cosas por las cuales sufrir o viceversa, pero
de cualquier modo, ninguno de los estados es “estable y para siempre”,
todo requiere ser cuidado y atendido y ante un resquebrajamiento muchas
veces se vuelve atrás para poder seguir adelante...de eso se trata.
La
resiliencia nos exige un replanteamiento de nuestra definición de la
salud.; el enfoque de resiliencia apunta a que la salud dista de ser un
estado ideal, libre de problemas y de grietas. La resiliencia implica
plantear la salud como la capacidad para resolver problemas o hallar vías
constructivas de vivir con problemas irresolubles y esta capacidad crece en
interacción entre la persona y su entorno.
Cada
uno de nosotros, puede constituirse en el adulto significativo para el otro,
que lo ayude a redescubrir sus potencialidades.
Nos
adherimos al concepto de Woling y Woling, (13), quienes plantean un esquema
de la resiliencia basado en el ciclo vital: el primer círculo se centra en
la infancia, el segundo en la adolescencia y el tercero en la adultez; y se
desarrolla en las “siete resiliencias”:
Þ
Introspección, entendida como la capacidad de examinarse internamente y darse respuestas
honestas.
Þ
Independencia, como capacidad de establecer límites entre uno mismo y ambientes
adversos.
Þ
Interacción, capacidad de establecer lazos íntimos y satisfactorios con otras
personas.
Þ
Iniciativa, capacidad de hacerse cargo de los problemas y ejercer control sobre ellos.
Þ
Creatividad, capacidad de imponer orden, belleza y un propósito a las situaciones de
dificultad o caos.
Þ
Ideología personal, también se entiende como conciencia moral.
Þ
Sentido del humor, disposición del espíritu a la alegría, permite alejarse del foco de
tensión, relativizar, y
elaborar de un modo lúdico, encontrando lo cómico en la tragedia.
Concluimos
en que el fomento de la resiliencia, adquiere relevancia en el ámbito
familiar, educativo y comunitario, en tanto no depende sólo de características
personales, sino también de un ambiente facilitador que
interactúe permanente-mente.
Una Reflexión Final
"Un
hombre de la costa de Colombia pudo subir al alto cielo. A la vuelta contó
que había contemplado desde allá arriba, la vida humana. Y dijo:
Somos
un mar de fueguitos, un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada persona
brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales, hay
fuegos grandes, fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de
fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena
el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman,
pero otros arden con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear y
quien se acerca se enciende”
Eduardo Galeano
Todos
tenemos “nuestra luz propia”, nuestro potencial, nuestra
“luminosidad”, en nuestra forma única y exclusiva de brillar.
Sin
embargo, no todos hacemos uso de ella, algunos flaqueamos y otros nos
fortalecemos ante la adversidad.
“Luminosidad y diversidad”, dos aspectos que nos permiten entender la RESILIENCIA Y EL “VUELO DEL HALCÓN”
BIBLIOGRAFIA
(1) WERNER E. Protective factors and Individual Resilience. En Meisells, S. Y Shonkoff, J. (Eds.) Handbook of Early Childhood Intervention. Cambridge University Press. Nueva York . USA 1993
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