"SALUD MILITAR"
Volumen 25 Nº1 - Setiembre 2003
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HISTORIA DE LA MEDICINA MILITAR
Relación
Histórica de la Medicina y Cirugía militares en el Uruguay
1811 - 1904
Es
verdad que desde tiempo remoto donde se libraron combates hubieron hombres que
se esforzaron en curar a los heridos y que aquellos que tomaron esa misión a
su cargo fueron los camaradas de fatigas y peligros de los guerreros. Sin duda
también en todas las épocas
hubieron tentativas para conjurar los males de la guerra y mejorar la suerte
de sus víctimas, pero no pasaron de
intentos aislados e instintivos, fuese del Estado o de la caridad de los
particulares. Entre griegos y romanos los sentimientos de piedad y caridad, a
pesar de su alta civilización no existieron; esos pueblos no tuvieron por la
vida humana y sus sufrimientos el respeto que en épocas posteriores
comenzaron a prodigarse. La asistencia
al herido de guerra es una creación de la época moderna (EDMOND BLAESSINGER, Quelques grandes figures de la
chirurgie et de la mèdecine militaires, París, 1947: 9).
La
civilización griega, cuna de la
medicina occidental tuvo a los arquíatras,
mitad combatientes y mitad médicos. Homero cita la cura de Melenao por
Macaón en el sitio de Troya (Ilíada, canto IV). Asclepios (Esculapio para
los romanos), jefe de Tesalia y médico engendró a Macaón y Podalirio, ambos
también médicos y jefes militares en el sitio de Troya (1180 aC). No
conocieron hospitales militares y los soldados heridos eran regresados a sus
hogares.
Entre
los romanos había por lo menos un
médico para cada cohorte (500 a 600 hombres) y la legión (10 cohortes)
tenía un ayudante de legión o medicus
legionis , una especie de jefe de sanidad. En las guarniciones permanentes
de frontera establecieron los primeros hospitales de campaña (valetudinarium).
Allí ejercían los medici vulnerarii
provenientes del servicio de las legiones. Establecimientos termales se
reservaban sólo para combatientes. Existen ruinas de aquellos primitivos
nosocomios en las riberas del Rhin, Estrasburgo y Lyon.
En
la edad media los jefes o condottieri
contrataban para sí a los físicos,
chirurgos y barberos :
“assi que los castellanos fueron a buscar a su
sennoret fallaronle en la ribera de Duero do yacie feriado
de muerte; mas non avie
aun perduda la fabla; et tenia el venablo en el cuerpo quel passava de las
espaldas a
los pechos, mas non gele esavan sacar por miedo que perderie luego la fabla
et morrie
sin ella. Et
llego y essa ora un maestro de
llagas que andara en la huest, et
mandol asserrar ell asta dell un cabo et del otro por tal que non perdiesse la
fabla” (ANIBAL RUIZ
MORENO, La medicina en
la legislación medieval española, Bs.As., 1946: 52)
Algunos
eran clérigos y monjes que ejercían un rudimento de medicina y cirugía;
muchos eran simples charlatanes.
El hospital tuvo aquí una motivación caritativa y devota albergando tanto a
heridos como desheredados. Estos primeros hospitales aparecieron en el siglo
IV en territorio itálico para difundirse luego por toda Europa. Es a ellos
que se derivaron los heridos de guerra como cualquier enfermo.
Después
de la toma de Jerusalén (1099) los heridos fueron
recogidos en el Gran hospital de
Jerusalén, que estaba en realidad conformado por monasterios de varias
órdenes religiosas (San Juan Bautista, Santa María Latina, San Lázaro). La
importancia de estos hospitales en la guerra contra los infieles dio lugar a
la creación de las Ordenes. Así la
Orden de los Caballeros de San Juan de Jerusalén creada por disposición
papal de 1113. Por necesidad esta Orden sumó a su misión hospitalaria una
militar. Lo mismo aconteció con las Ordenes de los Caballeros Teutónicos y
la de Caballeros de San Lázaro de Jerusalén. Estos hospitales por razones de
circunstancia se reservaron prioritariamente para combatientes y peregrinos;
tenían similares reglas y recursos. El de Jerusalén pervivió aún luego de
la reconquista por los árabes (1187). Dispersas las Ordenes, la de Jerusalén
se estableció en Rodas (1320-1522) con un hospital hasta su desalojo por los
turcos; de allí pasó a Malta (1530-1798) hasta la conquista de la isla por
Napoleón; finalmente con el nombre de Caballeros de Malta llegaron a Roma en
1834 donde se mantuvieron. La de San Lázaro se dedicó a la asistencia de los
leprosos y bajo el reinado de Enrique IV de Francia (1607) quedó a cargo de
los inválidos de guerra como Orden de Notre Dame du Mont Carmel. Los
Caballeros Teutónicos perdieron rápidamente su condición hospitalaria y se
hicieron guerreros puros.
Todas
estas instituciones sin llegar a constituir verdaderas organizaciones de
sanidad militares anunciaban el nacimiento de servicios y hospitales
castrenses en el siglo XVI.
Los
servicios de sanidad militar y sus hospitales son de creación moderna;
surgieron como respuesta a las necesidades de los grandes ejércitos (la
Revolución francesa y Napoleón hicieron adoptar la costumbre de la quintas,
es decir del servicio militar lo que dio origen a la guerra de masas), la
generalización del arma de fuego y las epidemias. Los hospicios locales no
podían atender demandas de población civil y militar a la vez, que se
estacionaba en el área por años. El primer hospital con esa intención
surgió en España en 1492 durante el sitio de Granada; el primero francés en
1597 en el sitio de Amiens.
El
primer cirujano mayor militar fue Ambroise Paré (1509-1590), francés,
considerado el “padre de la medicina militar”. Tuvo su primera experiencia
con heridas de arcabuz en Turín (1536); falto de aceite hirviente para
colocar en las heridas (buscando la supuración de las mismas con el “buen
pus” que antagonizara la “intoxicación por la pólvora” como lo
sostenía la doctrina de época) las dejó evolucionar, obteniendo
un mejor resultado con la abstención. En 1552 sustituyó el uso del
cauterio en las amputaciones por las ligaduras vasculares. En sus 81 años de
vida el práctico, inventivo, observador y compasivo Paré fue el cirujano de
guerra de cuatro reyes de
Francia. Mucho escribió Paré sobre cirugía pero su gran obra fue Le
méthode de traicter les playes par hacquebutes et autres bastons de feu, et
celles qui son faites par flèches, dards et semblables, editado en
París, 1545. Se recuerda su célebre frase:
(yo
lo vendé, Dios lo curó)
es decir el poder curador de la naturaleza más que de la medicina.
Fue
precisamente Paré el primer cirujano mayor de la historia, título que le
confirió el rey Carlos IX de Francia inaugurando así la era de los médicos
y cirujanos con rango y mando, típico escalafón de carácter militar. Igual
categoría de cirujanos existió en Inglaterra (el “Physician General to his
Majesty’s Forces”); en Portugal; en España (el “Cirujano Mayor del
Presidio”). Extendido a América hispana, apareció el cirujano mayor en
Buenos Aires en 1739 cuando por Real Orden se designó como tal al inglés
Roberto Young (A.SOIZA LARROSA, Cirujanos mayores del ejército
uruguayo 1811-1904, Rev.Ser.Sanidad, 13: 85, 1990).
Un
hito importante en esta evolución fue la
asistencia del herido en pleno campo de batalla por un grupo sanitario. Lo
que Paré había hecho en forma individual, ahora se hará en equipo. El
herido debía desplazarse por propios medios o ser llevado por sus camaradas
hasta el hospital ambulante mas próximo. El cirujano francés
Pierre-François Percy (1754-1825) dispuso que un botiquín se adaptara a un
tren de artillería muy móvil, y sobre él se dispusieran ocho cirujanos y
diez ayudantes con capacidad para asistir a 1200 heridos. La ambulancia
llamada wurtz fue empleada en el ejército de Rhin en 1800. Por su parte el
cirujano francés Jean-Dominique Larrey (1766-1842), cirujano jefe del
ejército del Rhin creó la ambulancia
volante para recoger los heridos en el campo de batalla y transportarlos
lo mas rápido posible al hospital de primera línea. De esas ambulancias dijo
Napoleón:
“Votre oeuvre est une des plus
hautes conceptions de notre siecle; et suffira à elle seule à votre
réputation”
Larrey
fue además el creador del sistema de selección
de heridos (“por la gravedad y no por el rango”).
La
guerra de sitio tenía plena vigencia y las plazas fuertes debían disponer de
recursos sanitarios. El marqués de Vauban (Sébastien le Preste, 1633-1707),
mariscal de Francia fue encargado de fortificar las fronteras del norte bajo
reinado de Luis XIV y creó en 1675 el Cuerpo de Ingenieros. Se le considera
el renovador de la técnica de las plazas fuertes. Vauban estimaba necesario
un médico para plazas menores a 6 bastiones (1 bastión = 600 hombres) y dos
o tres si era superior a esa guarnición; uno o dos boticarios; un cirujano
mayor y varios ayudantes.
Un
servicio de sanidad estructurado orgánicamente se creó en Francia con Luis
XIV (1708); cada Regimiento debía contar con un cirujano mayor y dos alumnos
cirujanos que eran movilizados durante las marchas. Dispuso de 50 hospitales
clasificados en categorías y los colocó bajo la autoridad de un comisario de
guerra. En 1882 la dirección de ese servicio quedó para los médicos
militares.
El
horror de los campos de batalla y el desamparo de las heridos no fue borrado
por todos estos avances; un testigo presencial en Italia (1859) dejó sus
impresiones en un libro que es un clásico: Henry Dunant, Recuerdo
de Solferino, Ginebra, 1862. Dunant fue luego el creador de la Cruz Roja.
En
la Gran Guerra (1914-1918) aparecieron los quirófanos
automóviles; hasta ellos llegaban los heridos desde el área de recolección y embarque trasladados por los camilleros. En
esta contienda fue director de un hospital militar nuestro compatriota, el
doctor Eduardo Blanco Acevedo. En
la Guerra Mundial 2ª y en Corea el gran protagonista fue el jeep norteamericano; el helicóptero
se comenzó a usar con fines sanitarios en pequeña escala en la campaña
de Indochina, y llegó al clímax en Viet Nam.
La patria vieja y la guerra de
independencia
El
período 1811-1828 coincide aproximadamente con las guerras napoleónicas
(1796-1815). El ejército
artiguista careció de un servicio de sanidad organizado, pero fue una
constante preocupación del caudillo José Artigas el disponer de apoyo
médico. Mientras mantuvo buenas relaciones con Buenos Aires el gobierno de
esa Provincia le auxilió con médicos y medicinas que vinieron junto al
Ejército Auxiliar; cuando rompió con aquella tuvo que servirse de
voluntarios y organizar como pudo un parque sanitario.
Su
cirujano
mayor, el primero como dijo Artigas, fue Cornelio Spielman. Nombrado
como tal por decreto del general Manuel Belgrano (30 de abril de 1811) le
acompañó en la batalla de Las Piedras, la primera victoria de la gesta
artiguista; le organizó los hospitales y estuvo a su lado hasta que el jefe
decidió exiliarse. Los hospitales
se establecieron en los campamentos donde se estacionaba el ejército (Ayuí,
14 meses; Purificación, 3 años) o en los aledaños de Montevideo durante los
sitios a la ciudad (Hospital de Casavalle, 1812; de Chopitea, 1813-14). Al
rendirse la guarnición española en Montevideo (1815) se pudo aprovechar el
ya alicaído hospital de la Caridad y de las enfermerías de la Ciudadela y
del hospital de Marina. En campaña, hubo un hospital en Florida en 1817.
Las
lesiones de guerra por proyectiles de arma de fuego sólo podían ser
debridadas realizando la extirpación de tejidos muertos y removiendo los
cuerpos extraños (fragmentos de ropa, tierra, esquirlas de plomo). La gran
decisión era la amputación precoz. Las armas de época eran de chispa,
avancarga, ánima lisa y lanzaban un proyectil de plomo deformable esférico o
cilindrocónico de gran calibre (hasta 19 mm) pero de baja velocidad (300 a
400 m/s). La lesión provocada era extensa, poco profunda, muy contusa,
tortuosa e irregular. Casi constantemente estaba contaminada de entrada y la
infección era incontrolable, lo que decidía la amputación precoz para
intentar salvar la vida. El arma blanca era terrible, pues a las heridas
amputantes y cortantes, se sumaba la penetración en cavidad ordinariamente
mortal. En la época (en esencia todo el siglo XIX y aún parte del XX) no se
abrían quirúrgicamente las cavidades pues la muerte era segura.
El
cirujano Spielman dispuso de ambulancias, también llamadas “hospitales volantes”, que
eran carretas a retaguardia para recoger los heridos y luego dejarlos en manos
de vecinos en los poblados ya que no podían seguir al ejército.
La
lista de médicos y cirujanos artiguistas conocida a la fecha y con
intervención en diferentes épocas incluye: Cornelio Spielman, cirujano
mayor; Gaspar González, boticario y flebótomo; Miguel Santisteban, cirujano
de armada española; Pedro Conilh, cirujano; Pedro Bartolomé Martínez,
enviado de Buenos Aires junto con Manuel Antonio Casal, cirujano; Sebastián
Savorido, cirujano de armada española; Mariano Vico, cirujano; José Morales,
sangrador; Francisco De Paula Rivero, cirujano mayor del Ejército Auxiliar de
Buenos Aires; Justo García Valdés, que con el anterior organizaron una
suerte de estado mayor sanitario en el Ayuí después del 1er. sitio de
Montevideo; Pedro Alen (irlandés); Francisco Dionisio Martínez, un idóneo,
natural de Maldonado; Gregorio Henestrosa, boticario en Soriano; Pedro
Velarde, cirujano de 2ª (había sido simple soldado); Victorino Acosta
(portugués); Ignacio Domingo, cirujano (A. SOIZA LARROSA, Evolución de la sanidad militar en el Uruguay
1811-1839, Rev.Ser.San.FF.AA., 14: 123-30, 1990).
En pleno desarrollo de la campaña libertadora de 1825, que se extendería hasta la
Convención preliminar de paz de 1828, el general Juan A. Lavalleja nombró en
el mes de agosto como cirujano mayor a un tal Antonio Benito San Martín; con la
victoria de la batalla de Sarandí se obtuvo como botín de guerra el parque
sanitario de las fuerzas derrotadas. Estando el ejército en marcha un
precario hospital
se habilitó en el Cuartel General establecido en Florida que luego pasó a
Durazno trasladando a los heridos en carretas. Integraron además la sanidad
del ejército el cirujano de 1ª clase Francisco Floribal (en Porongos), el
cirujano de 2ª clase Pedro Velarde (en Durazno)
y el cirujano de 2ª Juan Manuel Meyrau (con la División de Ignacio
Oribe).
La
asistencia sanitaria mejoró al pasar a esta banda desde Buenos Aires el Ejército
Republicano con 7000 hombres y muy completa organización sanitaria:
coronel cirujano mayor Francisco De Paula Rivero, varios cirujanos, boticario
y ayudantes con un parque sanitario en 32 carretas. Venía también como
capitán cirujano de 2ª Fermín Ferreira, todavía estudiante en Buenos Aires
En
1829 luego de la Convención preliminar de paz (marzo de 1828) se organizó
nuestro primer
ejército de línea con un Estado Mayor General. Ejercía el
ministerio de guerra el general Eugenio Garzón. Por Orden General se dispuso
que un
cirujano revistando como oficial fuese asignado a cada gran unidad del
ejército (caballería, artillería, cazadores). El 14 de diciembre de 1829
fue designado el primer cirujano mayor del ejército uruguayo con despacho del
gobierno: Fermín Ferreira (interino primero, titular desde 1833, ver el
facsímil del despacho en MARIANO FERREIRA, Apuntes biográficos de la
familia Artigas y Ferreira, Mdeo., 1919).
La
incorporación de los cirujanos al ejército no constituyó el inicio de una
carrera militar sino un contrato de servicios, fuere para una campaña
determinada o para asistir en una unidad determinada. Sólo con Fermín
Ferreira como cirujano mayor apareció el médico militar presupuestado y con
despacho del gobierno, asimilado al grado de coronel y muy conceptuado tanto
en el ejército como en el ambiente médico. Incluso cuando hubo que salir a
campaña se contrataban los servicios de otros médicos. Así sucedió en la División expedicionaria del
general Fructuoso Rivera para limpieza de la campaña de “bandidos,
ladrones y contención de los salvajes” (Salsipuedes, 1831) para la cual
Fermín Ferreira designó al cirujano Luis Chousiño, al ayudante cirujano de
2ª Pedro Velarde y al ayudante boticario Pedro Donell.
Guerra
Grande (1843-1851)
Derrocado
el presidente constitucional general Manuel Oribe (octubre de 1838) se
declaró la guerra al gobernador de la Provincia de Buenos Aires Juan Manuel
de Rosas lo que desató un prolongado conflicto de nueve años en nuestro
territorio. Con la seguridad de inminentes operaciones militares se organizó
un Cuerpo
de sanidad (abril de 1839): cirujano mayor Fermín Ferreira; cirujano
de 1ª Bernardo Canstatt; cirujano de 2ª Lope Merino Valenzuela y 1er.
practicante del Hospital Militar Antonio Fraga. El ejército en operaciones
fue totalmente derrotado por Oribe en la batalla de Arroyo Grande (diciembre de 1842) iniciándose
la invasión y el sitio de Montevideo durante el cual el país dispondría de
dos gobiernos: el de Manuel Oribe en el Cerrito de la Victoria, y el de
Joaquín Suárez en el Montevideo sitiado (este largo período de la medicina
militar lo hemos estudiado con mayor profundidad en nuestro trabajo La guerra grande 1843-1851, Rev. Ser.San.FF.AA.,
I-II, 15: 86 y 133, 1992).
Durante
la Guerra Grande hubo cambios en la medicina y cirugía militar. Una contienda
internacional como lo fue en realidad, con la activa intervención
de varias naciones, obligó a un despliegue sanitario no visto hasta
entonces. El gobierno de Montevideo
tuvo que reorganizar su Cuerpo de sanidad. El brasilero, graduado en Buenos
Aires Juan Gualberto Tigrimbú fue nombrado cirujano
mayor y encargado de hospitales en
1843 probablemente por su vinculación con el general Melchor Pacheco y Obes, ministro de la guerra; pero su muerte
en combate (Durazno, 30 de
diciembre de 1843) determinó la designación de Fermín Ferreira.
El
Montevideo del sitio era una ciudad de inmigrantes; la bahía estaba colmada
de navíos fondeados de diferentes países que tenían allí sus “estaciones
navales” con sus propios facultativos. Muchos médicos vinieron de Buenos
Aires perseguidos como “unitarios”; pero los países platenses eran
también atractivos para profesionales buscavidas y aventureros, porque el
control de su idoneidad médica no era tan exigente (incluso no existía) como
en sus países de origen. Ejerciendo en Montevideo hemos registrado 54
facultativos de todo rango (desde Profesores de cirugía hasta
flebótomos), cuyas nacionalidades (declaradas en el Padrón levantado por el
Jefe Político Andrés Lamas en 1843, o ante la Junta de Higiene, Registro de
títulos 1839-1895) son :
·
franceses.........................
13
·
bonaerenses
................... 10
·
españoles
........................ 8
·
italianos
.......................... 4
·
brasileros
........................ 4
·
irlandeses
....................... 2
·
belgas
............................
2
·
portugueses
.................... 2
·
norteamericanos
............. 1
·
sin
identificar ..................
3
Al
único hospital existente (el de Caridad)
se agregaron prontamente otros, todos militares, calificados como hospitales
de sangre y unificados bajo una
Comisión Directiva presidida por Fermín Ferreira:
·
hospital
militar central (hospital de Caridad,
1843)
·
hospital
del fuerte (1843)
·
hospital
de la legión francesa y regimiento
vasco (1843)
·
hospital
de la barraca de Pereyra (1843)
·
hospital
de la legión italiana (1844)
·
depósito
de inválidos Mártires de la patria
(1843)
·
establecimiento
de convalecientes (1844)
A
estos hospitales deben sumarse las enfermerías
que tenían las estaciones navales extranjeras y un servicio de sanidad móvil propio de la legión francesa. En los
departamentos bajo control del gobierno de la defensa existieron rudimentarios
hospitales (Salto, 1844).
En
1846 se aprobó un Reglamento para el
Hospital Militar y de Caridad:
“La Sociedad de Caridad Pública, para el mejor régimen del hospital
a su cargo, ha acordado que
de los dos representantes
que existen en el hospital se
forme uno solo bajo los artículos siguientes haciendo responsable
a todos y
a cada uno
de los empleados de su mas exacto
cumplimiento - Artículo 1 º- El
Cirujano Mayor es Jefe del “establecimiento
en la parte facultativa... (siguen 29 artículos). Montevideo,
14 de agosto
de 1846. Alejandro Chucarro (Vice Presidente) -
Ministerio de
Guerra y
Marina. Montevideo,
octubre 18 de 1846 (aprobación). José A.Costa
(Ejemplar original impreso en seda, en poder de la
Sra. María del Rosario Boix,
reproducido en Ses. Soc. Urug. Hist.Med., 1995, XV:
215).
Otros
cambios que contribuyeron a mejorar la asistencia de guerra fueron la
introducción de la anestesia general y
la participación femenina en el cuidado de enfermería. La anestesia general (1846, William Morton, EE.UU., éter; 1846, James
Simpson, Gran Bretaña, cloroformo) se inauguró en Montevideo en el hospital
militar central en 1847 (éter sulfúrico, cirujano Adolfo Brunel, anestesista
Patricio Ramos) y en 1848 (cloroformo, cirujano Fermín Ferreira). La participación
femenina se plasmó con la creación en 1843 de la Sociedad filantrópica
de damas orientales presidida por Bernardina Fragoso de Rivera en el hospital
del fuerte.
El
Cerrito de la Victoria, nombre con que se distingue a las fuerzas del
gobierno sitiador no fue en zaga. Pero la documentación subsistente, por
extravío o destrucción de la mayor parte de sus archivos es menos
reveladora. Además el gobierno de la defensa se sirvió de una literatura
histórica que hizo de aquel prolongado sitio una tradición política
perpetuada hasta el presente. No sucedió lo mismo con el gobierno del Cerrito
cuya historia ha quedado en parte sepultada bajo el cargo de servir a los
intereses del gobierno de Buenos Aires de Juan Manuel de Rosas, el “restaurador
de la leyes”.
El
general Manuel Oribe presidiendo el resto del país desde el Cerrito tuvo
también su cirujano mayor en Isidro
Muñoz y Pérez, bonaerense, profesor de medicina y cirugía; y un director del hospital militar central en el cirujano artiguista
Cornelio Spielman. Registramos una veintena de facultativos de diferentes
nacionalidades :
·
españoles
............................ 6
·
franceses
............................. 3
·
bonaerenses
......................... 1
·
portugueses
.......................... 1
·
alemanes
.............................. 1
·
no
identificados .................... 7
y 3 orientales: Juan Francisco Zoilo Correa, José
Román Cortés, Pedro José García Diago. Los médicos eran asimilados al
grado de sargento mayor; los farmacéuticos a capitán; los practicantes como
alféreces.
“... y en vez de quince días como me dijo {Manuel
Oribe}que estaría allí acampado estuvo
ocho años y nueve meses”.
También al Cerrito llegaron los adelantos de la anestesia general pues el cloroformo estaba a la venta en las boticas del pueblo de la Restauración (hoy La Unión) donde el gobierno de Oribe alentó un importante núcleo de población civil.
Por
el tratado de la Triple Alianza del 29 de mayo de 1851 se coaligaron el
gobierno de Montevideo, el Imperio del Brasil y la Provincia de Entre Ríos
con el objeto de librar a la Confederación Argentina de su presidente el
general Juan Manuel de Rosas. En la campaña que terminó en la batalla de
Caseros y que acabó además con el gobierno del Cerrito intervino la División
oriental con 1671 efectivos al mando del coronel César Díaz. En esa
división hubo un cuerpo de sanidad
con el cirujano Lorenzo Lons, dos ayudantes de cirugía y una
carreta-ambulancia. Como el “ejército grande” del caudillo entrerriano
Justo José Urquiza (28000 hombres) no tenía asistencia médica hubo de
recurrir a cirujanos y botiquines de las divisiones oriental
y brasilera. Lorenzo Lons fue después cirujano mayor interino en el
Lazareto de Isla de Flores (1872).
El
cuerpo médico militar de 1865
Un
cuerpo médico militar fue organizado ante la inminencia del sitio de
Montevideo por el general Venancio Flores luego que éste invadiera la
República y tomara Paysandú en los primeros días de 1865. El sitio de
Montevideo se produjo entre el 2 y el 20 de febrero finalizando en el acuerdo
de paz de La Unión. El gobierno con fecha 20 de enero había dictado el
decreto de organización del cuerpo
médico militar siguiente:
“Se
establece un cuerpo médico militar.
Artículo
1º
: Se establecerá un cuerpo médico militar compuesto de 6 cirujanos del
ejército y 1 farmacéutico; 10 practicantes (4 mayores y 6 menores) y 30
asistentes.
Artículo
2º: Se establecerán 3 ambulancias; la primera en el costado
izquierdo de la línea con la dotación siguiente de cirujanos: doctores don
Gualberto Méndez, jefe de la ambulancia y don Francisco Bond, un practicante
mayor, 2 menores y 8 asistentes nombrados por el cirujano mayor a propuesta
del jefe; esta ambulancia contendrá 10 camillas y 5 camas fijas. La segunda
en el costado derecho, dotada de 2 cirujanos, doctores Juan Francisco Correa
jefe de la ambulancia y Ramón Sebastiá , y en lo demás con el mismo
material y personal precedente. Ambas ambulancias serán provistas del
instrumental, medicamentos y vendajes necesarios para las primeras curaciones
y operaciones de urgencia. La tercera ambulancia se establecerá en la
fortaleza del Cerro dotada de 1 cirujano, profesor don Pedro Capdehourat, 1
practicante mayor y 4 asistentes nombrados en la forma establecida para la
primera.
Artículo
3º: Se establecerá un hospital central de sangre con la
siguiente dotación: 1 cirujano mayor doctor don Emilio García Wich
presidente del Consejo de Higiene con el grado de coronel, 1 practicante
mayor, 2 menores y 10 asistentes nombrados todos por el cirujano mayor. Este
hospital contendrá 20 camillas y 10 camas fijas, un botiquín completo para
las principales operaciones de alta cirugía de guerra, todos los apósitos y
demás objetos necesarios.
Artículo
4º: El cuerpo médico militar en cuanto tenga relación al
servicio a su cargo estará bajo las órdenes del general en jefe del
ejército y de los jefes de los respectivos costados de la línea o sus
inmediatos, y respecto de su organización interna estará bajo las órdenes
del cirujano mayor.
Artículo
5º: El personal del cuerpo médico usará el uniforme
correspondiente a los respectivos grados.
Artículo
6º: Queda a cargo de la Comisión Auxiliar de Guerra promover
las suscripciones y colectas necesarias para el mejor cumplimiento de este
decreto” (BOL. HIST.
EJERC., Mdeo., 127: 76-77, 1970).
Guerra
de la triple alianza 1865-1869 (La segunda Crimea)
“Ejército sin ambulancias, hospital sin médico y
enfermero, pierde menos hombres en la batalla que fuera de ella.” LEON
DE PALLEJA.
Segunda
contienda internacional involucrando al Uruguay que así pagó las deudas
contraídas por la ayuda extranjera recibida en la Guerra Grande (1843-1851) y
en el sitio y toma de la ciudad de Paysandú (1864). Cuatro años durará esta
guerra que llevó adelante la alianza de la Confederación Argentina, Imperio
del Brasil y República Oriental contra el Paraguay.
En el mundo se sucedieron en tanto algunas novedades
que tendrán su impacto en las guerras rioplatenses pero con gran retardo.
Surgieron
el Comité de la Cruz Roja, 1863
(1ª intervención formal en 1866) y la Convención para mejorar la condición de los militares
heridos en los ejércitos de campaña, Ginebra,1864 (1ª aplicación por
ambos contendientes en 1885, guerra serbio-búlgara).
Es interesante anotar que Uruguay, haciendo uso del artículo 9º de la
Convención se adhirió el 3 de mayo de 1900 luego de la aprobación
legislativa por ley Nº 2531 del 6 de abril del mismo año. Y que Gregorio
Pérez Gomar, autor del Curso elemental
del derecho de gentes (Mdeo., 1866) en momentos en que Uruguay participaba
de la guerra del Paraguay analizó la necesidad de
resolver humanitariamente la situación de los prisioneros de guerra,
protección de la población civil y elaboración de normas jurídicas para
humanización de la guerra (HECTOR GROS
ESPIELL, La situación de los tratados de derecho humanitario en el derecho
uruguayo, Simp. Implem. Derecho Intern. Humanit. R.O.U., Mdeo., 1989,: 45).
En
1865, el inglés Joseph Lister estableció el concepto de antisepsia (el combate de la infección) que amplia aplicación
tuviera en las heridas de guerra.
Pero
en contrapartida con estos adelantos humanitarios se produjo el incremento del poder lesivo de las armas de fuego. Ya
en 1842 se habían ensayado armas portátiles de retrocarga con ánima rayada
y proyectil cónico de menor calibre; en 1845 había aparecido la “pólvora
sin humo” (algodón pólvora) que llegó incluso a fabricarse en Montevideo
durante la guerra grande. Y en plena Guerra de Secesión norteamericana la
casa Remington había fabricado el
fusil (y carabina) del mismo nombre, modelo 1863/64, proyectil de plomo
desnudo, velocidad inicial de 480 m/s y alcance de 1000 metros con un sistema
de cierre giratorio (“rolling block”). La lesión por este proyectil era
todavía similar a las armas de ánima lisa y bala esférica, pero se
avecinaba el “proyectil humanitario” (alta velocidad). Es cierto que este
armamento no fue común en nuestros ejércitos que seguían sirviéndose del
arma de avancarga de chispa (piedra y rastrillo) o de fulminante (a pistón,
común en la guerra de la triple alianza). Pero
era todo armamento de avancarga, ánima
lisa y bala esférica. En la infantería porteña de línea hubo fusiles
rayados de avancarga y bala cónica (tipo Minié)
que puede considerarse la mas moderna en el Río de la Plata. Fusiles
de retrocarga y cartucho metálico no se usaron, por lo menos al inicio de la
guerra. Como arma corta fue común el revólver
Lefouchet de avancarga por el tambor. Hay sin embargo datos que el
batallón Florida (y el 24 de abril) tuvieron fusiles rayados, probablemente el mismo que
los porteños pues se trataba de cuerpos de línea (JOSE ALFONSO Y OJEDA, el León de Palleja, Diario
de la campaña de las fuerzas aliadas contra el Paraguay, Mdeo., 1960, 2
vols.; con respecto al armamento de artillería,cfr. MIGUEL ANGEL DE MARCO, La
guerra del Paraguay, Bs.As., 1995: 123 y ss).
Hay
mucha bibliografía sobre la guerra llamada “del Paraguay” pero muy escasa
sobre la sanidad militar oriental que se intentará esquematizar aquí.
La
División Oriental se conformó con
los batallones de infantería “Florida” (jefe: coronel León de Palleja) y
“24 de Abril”; batallón “Voluntarios garibaldinos” (jefe: coronel
Fidelis); “Escuadrón escolta” y “Escuadrón de artillería” y se
embarcó con destino al puerto de Concordia al son de la fanfarria y vistiendo
vistoso uniforme el 22 de junio de1865. No llevaba cuerpo de sanidad ni médico en el ejército. El
cirujano mayor Fermín Ferreira estaba muy envejecido y morirá pulmonar en
octubre de 1867 sin pisar tierra paraguaya. Será sustituido por otros
médicos que tampoco abandonaron suelo oriental : Francisco Antonino Vidal
(1867); Emilio García Wich (1867-68) y Luis Arturo Fleury (1869). El doctor
Germán Segura fue designado en 1869 ya al final de la guerra; fue el único
que había estado en el campo de batalla como estudiante de medicina en la
facultad de Buenos Aires acompañando a otro oriental, Juan Angel Golfarini (JUAN ANGEL GOLFARINI, La cartera de un médico
cirujano, Buenos Aires, 1898). Precisamente en reconocimiento por
los servicios prestados a la División
Oriental el gobierno nombró
a Germán Segura teniente coronel cirujano del ejército (28 de enero de 1869)
y luego cirujano mayor (20 de mayo de 1869). A su vez Golfarini recibirá en
la Argentina donde vivió y murió los despachos de coronel de sanidad; y en
nuestro país los de general de brigada (asimilado) cirujano mayor honorario
del ejército (1920) (Rev.Mil.Naval,
Mdeo., 1: 305-12, 1920).
No
existiendo un cuerpo de sanidad oriental todo dependió de la organización
Argentina y brasilera. Pero tampoco en Argentina tenían al comenzar la guerra
ambulancias, instrumental
ni experiencia en tratamiento de heridas y técnicas
quirúrgicas. Un médico tan ilustrado como Guillermo Rawson le escribía al
general Bartolomé Mitre, jefe máximo de la alianza, “no
tengo entre mis libros ni encuentro un tratado de hospitales militares; le
mando uno de cirugía naval”. La
reunión de los ejércitos rioplatenses tuvo lugar en Concordia (Entre Ríos)
donde se instaló el primer hospital argentino. La División Oriental utilizó luego la cadena de evacuación
fluvial-terrestre (ríos Paraguay, Paraná, Uruguay) hacia los hospitales
argentinos escalonados en Corrientes (el mas importante), Bella Vista, Goya,
Esquina, Paraná hasta el hospital militar de Buenos Aires ubicado en el
Retiro o el hospital de Caridad uruguayo. Al día siguiente de la batalla de
Yatay (17 de agosto) los argentinos instalaron allí el llamado hospital de
Paso de los Libres (Misiones), donde fue asistida la División
Oriental.
La
penuria de esta división por la falta de un cuerpo de sanidad se advierte en
las quejas expresadas por Palleja: “25
de setiembre. He conseguido organizar un hospital en el “Florida” con 3
carretas, 7 carpas nuevas que me dio el General en Jefe (Venancio Flores) y 16
tomadas a las compañías. Tengo en el 74 enfermos de consideración ... un
doctor brasileño me los asiste y me da los medicamentos y el médico (Tomás)
Lacueva también viene a asistirlos en compañía del médico brasileño” (Diario,
cit., Y : 230).
Ya
invadida tierra paraguaya la División
Oriental se sirvió del llamado “Hospital Central” (argentino
también) y de los hospitales montados por los dos cuerpos sanitarios al mando
de los cirujanos bonaerenses Caupolicán Molina y José Díaz de Bedoya. Estos
hospitales se movilizaron con el desplazamiento
de los cuerpos de ejército hasta llegar a Asunción adonde fue trasladado
definitivamente el hospital de la ciudad de Corrientes.
El
edificio existente en Montevideo conocido como “Primer Hospital Italiano”
(que nunca lo fue) en la esquina de las calles Soriano y Paraguay fue
arrendado por la Comisión de Edificación del hospital italiano al Brasil
(1865) para el servicio sanitario de su ejército, manteniéndolo hasta el fin
de la guerra. También el Imperio del Brasil estableció un hospital naval en
Buenos Aires en el edificio del hospital italiano de la calle Bolívar a una
legua del centro de la ciudad, abierto el 26 de junio de 1865 (GERARDO
BARROSO, Aspectos da medicina naval na guerra do Paraguai, Rev.Bras.Med.Naval,
Jan-Fevr., 1967: 109).
El
traslado terrestre de los heridos y enfermos se hizo en ambulancias que el
ejército argentino hizo construir en Buenos Aires según modelo de las
utilizadas con éxito en la Guerra de Secesión norteamericana; estas
ambulancias fracasaron en las accidentadas y pantanosas rutas de Corrientes y
Paraguay volviéndose a la lenta e incómoda carreta tirada por bueyes.
No
obstante la carencia de un cuerpo de sanidad organizado en la División Oriental varios facultativos estuvieron presentes en las
marchas y en el terreno de la contienda :
·
Tomás
Lacueva Chucarro, cirujano de 2ª clase, actuando como cirujano mayor en el
Cuartel General, único disponible en las marchas hasta octubre de 1865. Como
tal recibió órdenes de traslado de enfermos: “Señor Cirujano Mayor del Ejército Oriental doctor don Tomás
Lacueva. Pueblo de Itapirú, julio 26/866. Amigo: Habiendo recibido 2ª
orden de S.E. (Venancio Flores) para mandar todos los enfermos, le
remito la lista de los que mando. El mayor Plaza es quien va encargado para
que con diez hombres de los que están mejor asistan a los demás; para el
efecto usted le dará el método para curarlos. También ordena el señor
general que usted los acompañe hasta Corrientes debiendo regresar de allí.
Haga una lista, la firma y la incluye con las otras. Su amigo y S.S. (general)
Enrique Castro”
(Rev.Mil.Naval., 1920, 1: 319). Lacueva notició a su primo Urbano Chucarro del envío desde
el “Hospital General Oriental”
en Itapirú (19 de agosto de 1866) y disculpándose por no haber escrito antes
: “... estaba medio loco por el
número de enfermos que tenía y que ascendía a 300 y tantos, así que no
tenía tiempo ni para rascarme; por fin ahora estoy mas descansado porque
sólo tengo 40 habiendo mandado para esa por el vapor “General Flores” 200
y tantos entre heridos, enfermos y convalecientes, y algunos sanos de la
caballería que es lo mas desarreglado que he visto” (Correspondencia inédita, original en archivo
particular del Dr. Luis Calvo).
·
Pedro
Olazábal, cirujano de 2ª clase registrado en Montevideo en mayo de 1865,
muerto en la batalla de Yatay.
·
Cayetano
Borda, practicante, que recién se registraría como cirujano de 2ª clase en
1877, natural de Cerro Largo y con medalla “Vencedores de Yatay” (decreto
del 30 de setiembre de 1865), nombrado en 1889 como sargento cirujano mayor
del ejército por sus méritos y servicios (MARIA
A.DIAZ DE GUERRA, CARLOS E.CHABOT, Historia de la atención médica en
Maldonado 1755-1991, Maldonado, 1992: 77). Tanto de Olazábal como de Borda
dijo Golfarini : “ambos incorporados
con la mejor buena voluntad a la vez que con patriotismo” (GOLFARINI, cit. : 13).
·
Federico
Arnoldi, curandero, judío alemán que se convirtió al protestantismo en
Inglaterra, ingresó al ejército alemán, pasó al Brasil, luego a la
Argentina y Córdoba convirtiéndose al catolicismo a instancias de su esposa.
Ella era curandera y le enseñó las artes del curanderismo. Carl Brendel dice
que “Arnold” “siempre se dirigía
a mí como colega y como no quise ponerme grosero me hacía el sordo ...
Arnold confirmaba en aquel momento que había sido jefe del colega Shur
durante la guerra del Paraguay” (MAÑE Y AYESTARAN, cit.: 30).
En
la lista de revista de la División
Oriental fechada en Uruguayana el 25 de agosto de 1865 figura en el
Cuartel General junto con el cirujano Tomás Lacueva y Chucarro el “cirujano capitán Federico Asnoldi (sic)”; y en el batallón de
Cazadores “24 de Abril” el cirujano ayudante
Cayetano Borda.
Excede
de esta crónica el interesante capítulo de la patología
en la guerra del Paraguay. Recomendamos el ya citado libro de Miguel Angel
de Marco, capítulo “La sanidad” con abundante bibliografía, y nuestro
trabajo “Dos tesis médicas argentinas
de la guerra del Paraguay” (Ses.Soc.Urug.Hist.Med., 1992, IX-X : 139-149).
De la
Revolución de las lanzas al Quebracho 1870-1886
Cuando
la República entra en el período histórico llamado del “militarismo”,
salpicado de alzamientos y consiguientes respuestas del gobierno, en Europa se
suceden las guerras franco-prusiana (1870-71) y
servio-búlgara (1885). Esta época está dominada en lo sanitario
por la consolidación del método antiséptico y las técnicas de hemostasia
(vendaje hemostático de J. Esmarch, Alemania, 1873; forcipresor hemostático
de A. Verneuil, París, 1875; ligaduras carbolizadas de catgut y de seda,
Joseph Lister, Gran Bretaña, 1881). En cuanto a la lesividad
por armas de fuego, en 1874 apareció el sistema Mauser
alemán, fusil calibre 11 mm,
bala de plomo desnudo de 23 gramos, pólvora negra, velocidad inicial y
alcance similar al Remington norteamericano.
La introducción de fusiles Remington
excedentes de la Guerra de Secesión se hizo con mucho retraso en Uruguay; en
1875 se adquirieron en aquel país por el Comité Revolucionario de la
Revolución tricolor 200 fusiles
a las casas introductoras Juan Shaw y Zimmermann y Fairs y Cía, ambas de
Buenos Aires (además de 400 lanzas). Pero también el ejército se “remingtonizó”,
al punto de abandonar en el campo de batalla de Perseverano “40
fusiles Remington, ocho mil cartuchos ...”. En 1875 precisamente el
ejército había comenzado a adquirir (desde el 15 de enero de 1875 al 10 de
marzo de 1876) un importante armamento : 1 batería de cañón Armstrong; 3
baterías de cañón Krupp; 2 baterías de ametralladoras; 3107 fusiles y 1000
carabinas Remington; 4970 carabinas
sistema antigua; 2717 espadas; 1797 pistolas y revólveres; 6100 sables; 6806
lanzas; 906 machetes; 1.882.900 cartuchos para Remington;
10.200 tiros para pistola y revólver. El gobierno de Pedro Varela gastó en
ese armamento 295.668 pesos oro (JUAN E. PIVEL DEVOTO, La revolución tricolor, Cuad.Marcha ,
Mdeo., 1972, 59: 47).
En setiembre de 1875 el fusil Remington modelo
1871 ya lo tenía el batallón 1º de Cazadores, y se generalizó por
decreto del 5 de junio de 1876. En 1886 todo el ejército estaba
armado con Remington.
En
la Revolución de las lanzas (1870-72),
contra el gobierno del general Lorenzo Batlle, última guerra del tipo “patria
vieja”, no hubo cuerpo de sanidad organizado. El cirujano mayor del
ejército Germán Segura hizo espaciadas salidas a campaña integrando la
escolta del presidente, siendo reemplazado en oportunidades por el doctor
Eusebio Gerona; al fin de la guerra aparece citado como cirujano
mayor interino en el lazareto de la Isla de Flores el doctor Lorenzo Lons
que había registrado título en Montevideo en 1872. Por su parte el ejército
revolucionario comandado por el general Timoteo Aparicio llevó como cirujano
al doctor Pedro Capdehourat quien asistió en las batalla del Sauce y de
Manantiales.
La
Revolución tricolor (marzo a
diciembre de 1875) fue un movimiento armado apolítico contra el gobierno de
Pedro Varela que enarboló una bandera de tres colores (azul, blanco, punzó)
como en la cruzada de los 33 orientales (1825) contra la dominación
del imperio brasileño. Fue la primera vez en que se utilizó el arma Remington calibre 11 mm. Por
supuesto tampoco hubo cuerpo de sanidad organizado. Desempeñaba el cargo de
cirujano mayor del ejército el médico entrerriano Carlos María Querencio.
Este estaba vinculado con el coronel Lorenzo Latorre a quien había asistido
en el Salto oriental de unas “escrófulas
en el pescuezo que había adquirido en el Paraguay”. Personaje
interesante, era graduado en Buenos Aires (1860) y tenía consultorio en
Concordia (Entre Ríos). Colaborador en la rebelión y asesinato del poderoso
caudillo entrerriano Justo José de Urquiza (11 de abril de 1870) emigró al
Uruguay vinculándose a la Revolución
de las lanzas a instancias del general Anacleto Medina, a su vez
expatriado en Entre Ríos. En esa revolución Querencio fue soldado en el
batallón “Santa Rosa” compuesto por entrerrianos. Estos pormenores
ilustran el carácter del cirujano mayor de nuestro ejército de quien el
propio Urquiza había dicho “a estos locos (los hermanos Querencio) hay que sacarlos de acá” (ANTONIO P. CASTRO, Crónicas históricas,
Concordia, 1939: 141 y ss). Se le reconocía a los hermanos Querencio (Carlos
María y Mariano) un carácter exaltado y sin control. En 1875 un decreto del 29 de enero le nombró cirujano mayor
del ejército ante renuncia de Germán Segura; en este nombramiento estuvo
seguramente la mano de Latorre. Querencio además desempeñó cargos en la
Junta de Higiene Pública y Sanidad del Puerto; y se vinculó a la
instalación de las primeras cátedras de la facultad de medicina (1876). No
se conoce su participación efectiva en operaciones bélicas, como la del
doctor Pedro Visca, 2º cirujano mayor que fue obligado por Latorre a
desplazarse a campaña en octubre de 1875 con la división del general Timoteo
Aparicio ahora enrolado en el campo gubernista. Visca retornó a Montevideo en
diciembre luego de derrotada la revolución.
En
1881, siendo ministro de la guerra el coronel Máximo Santos el Cuerpo Médico Militar estaba integrado por: coronel cirujano mayor
Julio Rodríguez Berruezo; cirujano 2º Isabelino Bosch; médicos de
batallones de Cazadores Ernesto Fernández Espiro (2º), José Parietti (3º)
y Elías Regules (5º); médico del regimiento de Artillería Santos
Errandonea, y médico de la Escuela Nacional de Artes y Oficios Angel Brian.
En
1882 (17 de noviembre) el cirujano mayor Rodríguez Berruezo presentó su Proyecto
de “Reglamento del Cuerpo de Sanidad Militar” al ministro de guerra y
marina Máximo Tajes, siendo aprobado por el presidente Máximo Santos el 12
de diciembre de 1882 y enviado a la Escuela Nacional de Artes y Oficios para
ser impreso agregandolo al Reglamento interno de la Inspección General de
Armas (Reglamento del Cuerpo de Sanidad Militar de la República Oriental del
Uruguay presentado por el Cirujano Mayor coronel Dr. D.Julio Rodríguez y
aprobado por el Gobierno de la República, Montevideo, 1882, en:
Universidad del Trabajo del Uruguay, Archivo y Museo Históricos, libro 5, folio 117-127, nov.dic.1882, 10 fojas
manuscritas). El cuerpo de
sanidad quedaba integrado de la siguiente forma: 1 coronel cirujano mayor; 2
teniente coroneles cirujanos 2º; 5 sargentos mayores cirujanos 3º; 1
capitán farmacéutico 1º; 12 tenientes 1os. practicantes de medicina y
cirugía; 1 compañía sanitaria con oficiales y clases. La cadena de
evacuación en tiempo de guerra estaba constituída por: 1º, ambulancias;
2º, hospitales de campaña; 3º, hospital permanente (que no existía aún).
El personal sanitario quedaba amparado en las inmunidades establecidas por la
Convención Internacional de Ginebra del 28 de agosto de 1864; en caso de no
ser respetada esa Convención “deberán
rendirse como prisioneros para no abandonar los heridos”. Por el Código
Militar de 1884 el cirujano mayor debía ser designado por la Inspección
General de Armas, la que a partir de 1890 pasó a llamarse Estado Mayor
General (decreto del 29 de diciembre) cuyo jefe fue el Comandante del
Ejército. El Estado Mayor estaba constituido por secciones
una de las cuales (desde 1893) sería la Sección
Servicio Médico Militar.
En
1886 bajo gobierno de Máximo Santos se desató la brevísima Revolución del Quebracho (arroyo del departamento de Paysandú)
derrotada en la jornada del 31 de marzo donde murieron mas de 200
revolucionarios y se hicieron 500 prisioneros. La invasión se produjo por el
río Uruguay y el desembarco en el saladero
de Piñeyrúa, a la altura de Paysandú; allí se produjeron heridos por
los disparos de una cañonera del gobierno. El médico José Luis Baena debió
improvisar un rudimentario hospital en una de las habitaciones de una estancia
vecina (estancia de Amaro). Por
esta época todos los cuerpos de línea del ejército ya estaban armados con
fusiles y carabinas Remington: batallones de Cazadores 1º al 5º; regimiento
de Artillería y destacamento de la Fortaleza General Artigas. No han quedado
noticias del cuerpo de sanidad del ejército, que movilizó mas de 5000
hombres al mando del general Máximo Tajes. El gobierno envió a la zona del
combate una Comisión médica militar
en el vapor Júpiter por lo que
suponemos que ese fue la única misión sanitaria. El cirujano mayor sólo se
haría presente en el terreno de operaciones si el presidente de la República
se trasladaba al mismo o acompañando al ministro de la guerra. Las fuerzas
revolucionarias comandadas por los generales Enrique Castro y José María
Arredondo (mas de 1700 hombres) estaban armadas con 1000 fusiles y 700
carabinas Remington, 500 lanzas,
200.000 tiros y algunos cajones de correaje (JOSE LUCIANO MARTINEZ, Vida militar de los generales Enrique y Gregorio
Castro, Mdeo., 1901: 337). En 1986, cuando se cumplió el centenario de aquel
movimiento armado, recopilamos y publicamos la lista de médicos y
practicantes del ejército revolucionario para salvarlos del olvido; ellos son
:
·
los
médicos: cirujano mayor Escolástico Imas; Luis Baena; Juan Angel Golfarini
que colaboró desde Buenos Aires; Sebastián Ferrer; Francisco Davison;
Nicanor García Leguisamo (muerto en acción);
Pons y Pons;
·
los
practicantes: Alfredo Vidal y Fuentes; Sdo. Manuel Quintela; Rodolfo Fonseca;
Cbo.1ª Norberto Barbot; José Rodolfo Amargós; Teodorico Nicola; Manuel
C.Sánchez; Antonio Casas; Tte.2º Celestino Grané; Cbo.1ª Enrique Lema;
Albistur; ayudante mayor Arturo Soneira (A. SOIZA LARROSA,
Cuerpo de médicos y practicantes en la Revolución del Quebracho 1886
- 31 de marzo - 1986, Ses.Soc.Urug.Hist.Med.,
1986, VIII: 56-62).
El
gobierno trasladó los heridos, prisioneros y custodias en el vapor Júpiter arrendado a la compañía “Mensajerías Fluviales” que
hizo varios viajes entre Montevideo, Paysandú, Salto, Guaviyú y Montevideo (CARLOS A. OLIVIERI, Apuntes a la historia de la
Marina de Guerra Nacional, Mdeo., 1952: 34-35).
Las
Revoluciones de 1897 y 1904
Entre
1897 y 1904 el mundo fue sacudido por las guerras anglo-boer en Africa
(1899-1902), ruso-japonesa (1904-1905) y franco-marroquí (1904). Precisamente el último decenio del siglo XIX estuvo marcado
en lo sanitario por notorios
avances. Basado en la teoría microbiana de las enfermedades (Louis Pasteur y
Roberto Koch, último tercio del siglo) se desarrollo la asepsia, un paso mas allá de la antisepsia
de Joseph Lister. En 1887 E.von Bergman de Alemania comenzó el uso del
sublimado corrosivo (mercurio) preoperatorio; en 1894 el cirujano
norteamericano William Halsted preconizó el uso del guante quirúrgico (hasta
entonces se operaba a mano desnuda); en París, P.Berger en 1897 comenzó a
usar tapabocas (RAUL C. PRADERI y LUIS BERGALLI, Notas
para una historia de la cirugía uruguaya, Mdeo., 1981). En Uruguay la
asepsia se introdujo rápidamente y fue el cirujano del hospital de Caridad
José Pugnalin que en 1893 adquirió en Europa el primer aparato para
agua esterilizada y la primera estufa Poupinel para esterilización de
instrumental quirúrgico. Luis Mondino hizo su tesis médica con el título:
“De
la desinfección quirúrgica, antisepsia y asepsia en cirugía”, Mdeo.,
1894. Al filo de fin de siglo comenzaron a realizarse laparotomías
en heridos de guerra (Guillermo McCornac y Makins, Gran Bretaña, 1899) y exteriorizaciones
de colon con malos resultados permaneciendo la cirugía de guerra en la
etapa abstencionista (“dejarlo evolucionar en paz”). En
nuestras guerras civiles no se hizo apertura quirúrgica de las cavidades.
Con
respecto al armamento el ejército
uruguayo desde 1891 bajo gobierno de Julio Herrera y Obes comenzó su
modernización para abandonar el ya obsoleto fusil y carabina Remington
de 11 mm y un solo tiro que estaba en uso desde 1875. La compra del armamento
y la sustitución fue progresiva por lo que el ejército tanto en 1897 como
1904 intervino con material heterogéneo. En nuestro trabajo “Herida
y muerte del general Aparicio Saravia. Batalla de Masoller, setiembre 1º de
1904” (Ses.Soc.Urug.Hist.Med., Mdeo., 1985, VII: 85)
hemos detallado el mismo y corroborado con el reciente trabajo “La campaña militar de 1897” (Comando General del Ejército-Depto.de Estudios Históricos, Mdeo., 1998,
cap.IV): fusil y carabina Remington
mod. 1863/64, cal. 11 mm, plomo; fusil y carabina Mauser mod.1871-Dovitiis, cal. 11 mm, plomo; y las que siguen ya son
de repetición, fusil y carabina Mauser
mod.Daudeteau, cal. 6,5 mm, plomo encamisado (arma reformada a partir del
Dovitiis de 11 mm y llamada
Dovitiis-Darche); fusil y carabina Mauser,
mod. español-brasilero 1893, cal. 7 mm, plomo encamisado; fusil y carabina de
un tiro Remington, mod. U.S.A. 1901,
cal. 7 mm, plomo encamisado. El armamento Mauser
fue declarado de “uso nacional” por decreto del 12 de noviembre de 1896.
No menos heterogéneo fue el armamento del ejército revolucionario.
El
ejército dispuso por compra
desde 1895 de ametralladoras Nordenfelt
cal. 11 mm de 5 tubos (2 ametralladoras en cada unidad de infantería) y
cañones Bange-Piffard de 75 mm tiro
rápido (2 baterías de 12 cada una) y Schneider-Canet
de iguales características (4 baterías de 6 cada una).
La
introducción del armamento portátil con bala de alta velocidad y camisa (“bala
humanitaria” porque no se fragmentaba como la de plomo desnudo) determinó
una lesividad propia en la guerra por la producción de la “cavitación” y
la “pulsación” a lo largo del trayecto intracorporal y por comprobarse
“lesiones diferidas” desconocidas hasta entonces. En nuestro trabajo ya
citado “Herida y muerte del general
Aparicio Saravia” se puede acceder a la balística externa de las armas
largas de 1897 y 1904 así como descripción de las heridas que debían tratar
los cirujano de la época. Particularmente interesante fue la descripción del
cirujano Diógenes Decoud (1895) precisamente del hospital Militar
investigando con el fusil Mauser
mod.argentino, cal. 7.65 mm, plomo encamisado y velocidad 605 m/s. Dos años
después el cirujano Jaime Oliver publicó “Algunas
consideraciones sobre 50 casos de herida de bala” (Rev.Med.Urug.,
10: 5-18 y 11: 45-64, 1899) provenientes de la guerra de 1897. Y el compatriota
Gerardo Arrizabalaga “Aneurisma
arterio-venoso poplíteo por herida de bala. Cuádruple ligadura. Curación”
(Bs.As., Coni, 1904, folleto 10 p.)
que conoció en la expedición sanitaria a Melo en la guerra de 1904.
El
Cuerpo de sanidad militar estaba
regido desde 1884 por el Código Militar (artículos 68 a 71) que regulaba su
integración de la siguiente forma: un coronel, cirujano mayor; dos teniente
coroneles, cirujanos 1º; dos sargentos mayores, cirujanos 2º; capitanes
practicantes de cirugía con 3 años de estudios médicos; capitanes
farmacéuticos; conductores de ambulancia y camilleros. Por decreto del 15 de
febrero de 1895 se designó un “practicante de la escolta presidencial”
con grado de capitán (el primero fue el entonces estudiante de 4º año
Ricardo Viladecants).
El
Cuerpo de enfermería y camilleros
fue persistentemente desatendido,
y continuaría sin organización efectiva hasta el segundo decenio del siglo
XX. Sus antecedentes fueron:
·
1881:
Escuela de practicantes militares,
proyecto que no se concretó del cirujano mayor Julio Rodríguez Berruezo
·
1899:
Escuela de camilleros, curso dictado
en el 1º de Cazadores por su practicante Antonio Viana, que fue además el
creador del primer paquete de curación
individual que llevaron los soldados cosido a su uniforme, y de la parihuela plegable que lleva su nombre; el curso se oficializó el
10 de julio de 1900 para las demás unidades
·
1904:
Compañía de camilleros del ejército,
decreto del 7 de julio, constituido por 80 plazas y parque sanitario.
Recién
el decreto del 23 de febrero de 1921 creó el Cuerpo
de enfermeros de Sanidad Militar (A. SOIZA LARROSA, La sanidad militar y el hospital
militar central 1918-1935, Salud Mil., Mdeo., 2000, 22: 68).
En
1897 una guerra civil de 7 meses enfrentó al Partido Nacional con el gobierno
“colorado” de José Idiarte Borda; en 1904 se repetirá con el de José
Batlle y Ordóñez.
En
la guerra de 1897 resulta
sorprendente que el cuerpo sanitario
revolucionario fuera superior al oficial (A.
SOIZA LARROSA, Medicina y cirugía en las guerras civiles uruguayas 1897-1904,
, Ses.Soc.Urug.Hist.Med., 1970-79, Y: 40-159 ).
El
ejército revolucionario (unos 3000
hombres) tuvo a su lado prestigiosos médicos
de una y otra banda del río Uruguay : José Luis Baena, Arturo Berro, Andrés
Ceberio, Juan José Fleuris (muerto en combate), Escolástico Imas, Alfonso
Lamas, Félix Angel Olivera, Joaquín Ponce de León, Francisco Vidal y
Cuervo, Alfredo Vidal y Fuentes. Entre los estudiantes
de medicina, Antonio Casas (luego farmacéutico), Angel Carballal (médico
poco antes de morir), Luis de León, Arturo Lussich (futuro profesor de
medicina), Sagastizábal (muerto en el último combate), Ricardo Viladecants
(primer practicante que fue de la Escolta del presidente). Un único hospital
se estableció en la zona brasileña de Aceguá, llamada “Cuchilla seca”
por ser un verdadero páramo, instalado en precaria forma dos días antes de
la invasión a cargo del médico José Luis Baena. Distaba 10 leguas de Bagé
y el doble de la ciudad de Melo. Una lista de envío de material sanitario por
la Cruz Roja de Montevideo incluía : algodón fenicado, hidrófilo y
sublimado; gasa; 4000 pastillas de bicloruro de mercurio (para soluciones
antisépticas); ácido fénico y yodoformo (para asepsia); cloroformo para
anestesia general; seda y agujas para suturas; vendas elásticas; yeso y tela
capricho para vendajes enyesados; vinagre antiséptico (parasitosis externas)
y recipientes para curaciones. El precario establecimiento recibió heridos
que no pudieron ser trasladados a Bagé o Pelotas y al final de la guerra el
doctor Baena presentó detallado informe de la actividad cumplida (CRUZ
ROJA DE SEÑORAS CRISTIANAS. Memoria de sus trabajos durante la guerra de
1897. Mdeo., 1898). Este informe nos permite conocer sobre la patología de
guerra de la época. Entre el 21 de marzo y el 2 de octubre de 1897 :
·
asistidos:
209 (batallas de Arbolito 57; Cerro Colorado 25; Arroyo Blanco 61; Aceguá 51;
varios 15)
·
heridos
: 174 (83 %) casi todos por bala o metralla
·
tipo
de heridas : cráneo, 2; cuello, 6; cara, 3; transfixiante de tórax con
herida de pulmón, 15; miembros, 97; penetrantes de abdomen, 23; articulares,
6; fracturas de todo tipo, 53; de arma blanca, 4; quemaduras, 1
·
complicaciones
quirúrgicas : 1 absceso hepático; 1 peritonitis; 1 tétanos; 3 flemones (de
pared)
·
enfermedades
: 35 (17 %)
·
tipo
de enfermedades : gastroenteritis, tuberculosis pulmonar, tifoidea,
reumatismos, úlcera de pierna, absceso frío glúteo, angina catarral,
neumonia y bronconeumonia, arterioesclerosis, otras
·
causas
de muerte : 1 herida
transfixiante de cráneo (sobrevida de 24 horas); 1 tétanos (sobrevida de 10
días).
Es llamativa la ínfima mortalidad lo que se explica por la “selección
natural” en el campo de batalla y los traslados hacia el hospital en lentas
carretas. Respecto a la actividad asistencial comprobamos la absoluta
predominancia de la herida de bala y metralla. No tenemos constancia de
apertura de cavidades en el hospital de Cuchilla seca; todo se redujo a
curaciones, debridamientos, drenajes, extracción de cuerpos extraños y
balas, reducción de fracturas y luxaciones, y sutura de heridas. Y esperar
... El período medio de asistencia fue de 30 días.
El
ejército nacional desplegó en la
guerra de 1897 unos 20.000 hombres. Ese gran
ejército (cuya integración debe consultarse en el excelente estudio de
Alberto del Pino Menck en la citada obra La
campaña militar de 1897, capítulo II) se dividió en dos cuerpos: norte
y sur. Un despliegue de tal envergadura no fue acompañado por una
organización sanitaria eficiente, que fue superada incluso por la
revolucionaria. La utilización de una amplia red ferroviaria para derivar las
bajas a la capital del país atemperó en algo esa deficiencia táctica. El
ejército no teniendo hospital propio utilizó los de la Comisión Nacional de
Caridad y Beneficencia Pública en Montevideo y departamentos.
Por el artículo 1º del decreto del 21 de abril de 1897 el gobierno
estableció que “la asistencia de los
heridos quedará a cargo de la Comisión Nacional de Caridad y Beneficencia
Pública en todo el territorio de la República”. En suma: el
hospital de Caridad de Montevideo y los hospitales departamentales existentes
en Paysandú, Florida, Salto, San José y Fray Bentos. En campaña, y pese a
existir en teoría una organización médica jerarquizada, sólo hubo practicantes
y algún soldado como enfermero; el botiquín incluía una cartera de cirugía y nada mas. Los jefes militares debieron
recurrir a los médicos y hospitales locales a la espera del traslado por tren
de sus bajas. A intervalos el gobierno envió médicos militares, bajo la
denominación de Expedición Sanitaria
del Cuerpo Médico Militar integrada por el cirujano mayor Eduardo Emilio
Martínez, los doctores Emeterio Camejo, Luis Bergalli, Adolfo González
Hackembruch, y los practicantes Juan Fleurquin, Festa y otros que no han sido
bien identificados. A su vez se sabe que cada uno de los cuerpos de ejército
tuvo en algún momento de la guerra una cobertura médica:
·
ejército
del norte: doctores Serafín Cañiza y Saldaña; practicantes Mesías,
Giordano y José A.Mauthone
·
ejército
del sur: doctor Luis Bergalli, practicantes Santiago Guastavino y José María
Labora.
Los heridos, atendidos inicialmente en el campo de batalla fueron
derivados en carretas a los hospitales locales y de los mismos, según
requerimiento a Montevideo por vía férrea hasta el hospital de Caridad. En
este hospital se registraron (según la Cruz Roja de Señoras Cristianas) 566
ingresos discriminados en:
·
heridos
por bala : 279 (19 muertes)
·
heridos
de arma blanca : 5
·
enfermos
: 264 (19 muertes)
Un
capítulo aparte merece la participación de organizaciones
asistenciales civiles: Cruz Roja
Oriental (la segunda, pues la primera es de 1890) que se disolvió en
1898, y Cruz Roja de Señoras Cristianas
que se perpetuó en la actual Cruz Roja Uruguaya. La totalidad prácticamente
del cuerpo médico nacional se plegó a esta humanitaria labor que incluyó la
instalación de enfermerías en todas las localidades del país e incluso un
hospital de sangre en Montevideo. La Cruz Roja Oriental tuvo además enlace
con los hospitales brasileños de Bagé, Livramento y Río Grande. Por el
decreto citado del 21 de abril se les consideró auxiliares de la Comisión
Nacional de Caridad. Se asistieron por estas organizaciones 960 pacientes
según un detallado informe al final de la guerra (Memoria
de sus trabajos durante la guerra civil de 1897, cit.).
En
1898 la Comisión Nacional de Caridad publicó el movimiento de heridos y
enfermos de la guerra de 1897 entre el 21 de marzo y el 29 de octubre,
totalizando 604 ingresos de los ambos bandos. Lo discriminó por grado, cuerpo
de pertenencia, diagnóstico (incluyendo agente causal), fechas de entrada y
salida, y datos filiatorios (COMISION
NACIONAL DE CARIDAD Y BENEFICENCIA PUBLICA, Movimiento estadístico año 1897
y primer trimestre año 1898, Mdeo., 1898).
Por
nuestro cálculo los heridos y enfermos de la guerra de 1897 fueron 1773 :
·
hospital
de Cuchilla seca : 209
·
hospitales
de Cruz Roja : 960
·
hospital
de Caridad de Montevideo : 604
·
lo
que se acerca bastante a la cifra de 1793 informada por la Cruz Roja de Señoras Cristianas:
·
heridos
y enfermos del ejército nacional : 1256
·
heridos
y enfermos del ejército revolucionario : 537
No
conocemos en cambio con precisión el total de muertes que para nosotros se
elevarían a 300 para el gobierno y 150 para la revolución.
El
número total de bajas sobrepasaría los 2200 entre heridos, enfermos y
muertos.
El
costo en pesos oro para el gobierno por suministros, sueldos, reclamaciones y
gastos de pacificación llegó a casi 6.000.000.
La
guerra civil de 1904 (9 meses:
marzo a setiembre) prácticamente se agotó con la muerte del caudillo
Aparicio Saravia, dando término al ciclo bélico arrastrado desde el fin de
la dominación española, mas de un siglo atrás.
En el ejército revolucionario se
incorporaron muchos médicos a su cuerpo
de sanidad (cuya nómina puede leerse en mi trabajo ya citado Medicina
y cirugía en las guerras civiles uruguayas, pag. 75-77). Transcurriendo
la mitad de la guerra lo integraban: Alfonso Lamas, cirujano mayor; Eduardo
Lamas y Juan B.Morelli, en el Estado Mayor; pract. José A.Muñoz, división
Nº 1; Alejandro Piovene y pract.Luis Sopeña, división Nº 2; Arturo Lussich
y Alejandro Ramos Suárez, división Nº 4; Joaquín Ponce de León y
pract.José Pedro Urioste, división Nº 6; Felix Angel Olivera, división Nº
9; Alejo Martínez, división Nº 16; pract. Angel Carballal, división Nº
11; Francisco E.Trotta, división Nº 12; Arturo Berro, división Nº 13 (FERNANDO
GUTIERREZ, Tupambaé, Mdeo., 1916, 2º: 129).
Las
evoluciones del ejército eran acompañadas por un parque sanitario volante (carretas) atendidas por los practicantes
Juan R.Uriz como jefe de la farmacia y Luis J.Peppo como ayudante. En ese
rudimentario parque recibió los primeros auxilios el general Saravia por
Arturo Lussich cuando la herida transfixiante abdominal del 1º de setiembre
(batalla de Masoller).
Orden de la División Nº 13:
“VI- Durante la lucha nadie se preocupe por los
heridos porque en los que lo están mortalmente nada
se remedia
y no estandolo, con este
tiempo fresco puede el herido pasarse sin auxilio varias horas; el
mejor auxilio y el mejor médico es la victoria; nunca carecen de socorro
los heridos del ejército vencedor” (FERNANDO GUTIERREZ,
Tupambaé,
cit., 2º).
Dificultades
de instalación de hospitales de sangre
determinaron que los heridos quedaran en los pueblos por donde pasaba el
inmenso ejército de 1904 o fueran derivados a la frontera brasileña :
“Bagé, 26 de enero (7.30 p.m.) -
Esta ciudad se halla llena
de heridos y dispersos revolucionarios. Los heridos carecen casi de
recursos para atenderse,
no obstante que toda la población hace todo lo que puede en su favor” (telegrama en A.SOIZA, Medicina y cirugía... etc.,
cit.: 78)
Conocemos
la existencia de un hospital de sangre estable, el de Arroyo de la Mina (también llamado “del Minuano”) en las
cercanías de Aceguá atendido por los doctores Baldomero Cuenca y Lamas y
Bernardino Fonticiella, con material quirúrgico adquirido en Río Grande. En
la batalla de Paso del Parque una improvisada enfermería se organizó en una
escuela pública cerca de Rivera por Arturo Lussich y Coralio Capillas.
El
ejército nacional desplegó
nuevamente dos cuerpos: sur y norte, cada uno con su cuerpo
de sanidad lo que constituyó un avance con respecto a 1897. Esto fue
destacado por el presidente de la República José Batlle y Ordóñez en su
mensaje a la Asamblea General Legislativa en febrero de 1905: “cuando el país desgraciadamente
fue provocado a la guerra teníamos pronto un excelente cuerpo médico
y abundante parque sanitario que se distribuyó en forma adecuada en los
ejércitos” (“Mensaje”,
1905, pag. 83-84).
El
ejército del norte, el preferido por Batlle (cuya única batalla fue la de
Masoller) a mediados de marzo ya tenía organizado un cuerpo de sanidad :
“Orden del día, 25 de abril.
“Reglamentación - Se establece un servicio
fijo de sanidad (Dr. José L.
Deambrosis y practs. José M.Souza, Luis E. Surraco y Federico Fearon) y uno móvil
de vanguardia (Dr. Máximo Armand
Ugón y pract. Federico Eirale).
El personal auxiliar será de 20 soldados
con instrucción diaria de
camilleros al mando de un oficial. La visita médica tendrá un horario fijo,
sea acampados, sea en la marcha” (VENANCIO
G. ECHEVERRY, Campañas del General {Manuel} Benavente, Mdeo., 2ªed., 1935).
No tuvo la misma organización el ejército del sur al mando del general
Justino Muniz, de extracción blanco-nacionalista; organizado apresuradamente
salió en operaciones el 1º de enero con un sólo médico, Juan Alberto
Eirale, el practicante sargento mayor José María Labora y el enfermero Juan
Carneiro. Este ejército hizo toda la guerra. En febrero se le incorporaron
(como voluntarios) el médico Julio E.Bonnet y los practicantes Alberto
Vazquez Barriere, Agustín y Esteban Sanguinetti, Aurelio Morador y Otero, y
Eduardo Garbarino. El parque sanitario fue el gran baúl que ya había servido
en la guerra de 1987.
Los cuerpos de Guardias Nacionales, batallones de
civiles enganchados como voluntarios y asimilados al ejército, tuvieron sus
propios médicos; el batallón 1º tuvo a José Martirené y al practicante
Eduardo Blanco Acevedo que serían luego destacados cirujanos de niños y
adultos respectivamente.
El
doctor Juan Alberto Eirale (Memorias
de un médico, 3ª ed., Mdeo., 1957) describió minuciosamente la actividad cumplida en el
ejército del sur : drenaje de heridas con gasa yodoformada, tratamiento de
las frecuentes infecciones por cureteado, debridamiento, cauterización con
nitrato de plata y como recurso soberano la amputación bajo anestesia con
cloroformo aplicado mediante la careta de Juilliard. El traslado de heridos
era hecho a pulso en un poncho hasta las carretas de la retaguardia; de allí
hasta la estación ferroviaria mas cercana para evacuarlo a Montevideo. En el
mes de julio se dispuso de un carro-botiquín, dos carretas
tiradas por bueyes y una sección de camilleros.
Las enfermedades que mas frecuentemente afectaron al ejército fueron
la parasitosis por piojo, tifoidea e infección venérea. La tifoidea era
tratada con un antiséptico intestinal (“Salol”) y el drástico recurso
antitérmico del agua fría (en buen romance, sumergirlo en un arroyo). Las
intoxicaciones alimentarias adquirieron ribetes dramáticos.
El hospital militar no estaba aún finalizado en 1904;
la Comisión Nacional de Caridad facilitó la sala “Hermandad de Caridad”
(sala de presos, a cargo del médico Alfredo Navarro) para uso del ejército
bajo control del cirujano mayor Eduardo Martínez. El gobierno hospitalizó un
total de 2739 enfermos y heridos en varias salas del hospital de Caridad y
todavía utilizó un edificio anexo sobre la calle 25 de Mayo y hubo de
habilitar precariamente una sala del hospital militar sobre la avenida 8 de
Octubre.
Se
reiteró en la guerra civil de 1904 la participación de instituciones civiles colaboradoras en la asistencia médica. La Cruz
Roja Uruguaya (ya en su definitiva denominación) con 54 filiales en todo
el país dispuso de 40 hospitales de sangre (40 a 50 camas cada uno). Una Junta
Central de Auxilios fue creada por Batlle (decreto del 8 de enero) bajo la
dirección del abogado Pedro Figari. Tuvo su sede en el edificio del Ateneo de
Montevideo cuyo sótano se vio repleto de materiales: vajilla, ropas, camas y
camillas, a la espera de ser enviado en las misiones
sanitarias. Estas (en número de catorce) se integraron con médicos y
practicantes voluntarios utilizando el instrumental aportado por los
hospitales dependientes de la comisión Nacional de Caridad. Los
desplazamientos se hicieron en ferrocarril y luego en coche de caballos hasta
llegar al área de destino. Un desagradable episodio aconteció con la
expedición a la ciudad de Melo donde se acumularon unos 300 heridos de ambos
ejércitos procedentes de la batalla de Tupambaé, la mas cruenta de la
guerra. El presidente Batlle había ordenado que todos los revolucionarios
heridos fueran considerados prisioneros de guerra; pero los que pudieron
huyeron al Brasil asistidos por el doctor Alfredo Navarro quien los entregó
en Aceguá a los médicos de su respectivo ejército (tal vez en el hospital
“del Minuano”). Batlle cesó de inmediato al jefe de la misión a Melo,
doctor Luis Piñeyro del Campo por incumplir su expresa orden.
El
número de bajas según nuestros cálculos fue de 3000 hombres (800 muertos y
2200 heridos). La guerra de 1904 le costó al estado casi 4 millones de pesos
oro por concepto de suministros (BATLLE,
Mensaje, cit., pag.19) y 5 millones y medio por indemnizaciones, reclamos por
ganado carneado, cortes de alambrados y quema de postes (EDUARDO ACEVEDO, Anales históricos, 5º: 280).
Después
de 1904
Entre
1905 y 1918 se organizó un servicio de existencia muy irregular en el siglo
XIX: la Sanidad Militar. El médico
Eduardo Emilio Martínez, el último cirujano mayor de nuestro ejército fue
el principal motor en el cumplimiento de esa misión. La consolidación del
Servicio recién tendrá lugar en la ley Nº 6842 del 23 de diciembre de 1918
con la creación del Servicio de
Sanidad del Ejército y la Marina, dependencia del Ministerio respectivo.
El
doctor Eduardo Martínez, movilizado y responsable de la sanidad del ejército
en operaciones en la guerra de 1904 sabía por propia y dolorosa experiencia
como incidía en el éxito o fracaso de un ejército y en la moral combativa
de la tropa el apoyo médico y hospitalario.
Las
autoridades se enfrentaron a tres desafíos principales:
1) La
habilitación del hospital militar y asilo de convalecientes.
La
habilitación del hospital quedó a cargo de un Consejo honorario de Administración del Hospital Militar (decreto
del 12 de setiembre de 1905) y tras algunos retrasos y fricciones se inauguró
oficialmente el 18 de julio de 1908.
2) La
organización de la Sanidad Militar.
El
Cuerpo médico militar al momento de
la apertura del hospital en 1908 estaba integrado por los siguientes
profesionales y bachilleres estudiantes de medicina (Guía
administrativa de Montevideo, 1908):
·
Jefe
y Director General Científico del Hospital Militar: Eduardo E.Martínez
·
Batallones
de Cazadores : 1º, Esteban Toscano
y Br. Francisco Fernández Enciso; 2º, Juan
B.Bado; 3º, Santiago Cerrutti y Br.
Arturo Risso; 4º, José Luis
Deambrosis y pract.Manuel J.Casas; 5º, Gabriel
Real de Azúa y Br. Servando Mier y Velázquez; 6º, Juan Alberto Eirale; 7º,
Manuel Tiburcio Ferraz (en Salto)
·
Destacamento
de Ametralladoras: Tomás Bañales
·
Regimientos
de Caballería : 1º, pract. Olindo
D. Antonelli; 6º, pract. Bonifacio
Moneo (Melo); 7º, José G.Ortiz
(Melo); 8º, pract. Aurelio Morador
y Otero (Trinidad)
·
Fortaleza
General Artigas: Br. Genaro Puglia (h)
·
Parque
Nacional: Eduardo Birabén
·
Academia
General Militar: José M. Souza y Br. Luis A.Surraco
·
Escolta
de Gobierno: pract. Alfredo Cabral
·
Profesor
de Higiene Militar : José M. Souza
3) El
equipamiento de la Sanidad Móvil.
Fue
adquirido por Eduardo Martínez en 1909, constando de botiquines portables y
carros-ambulancia tirados por cuatro caballos o mulas. Esta incorporación
mereció una detallada e ilustrada publicación (Sanidad Militar - R.O.U. - 1909, Mdeo., Al Libro Inglés, álbum con 18
fotos por Damonte y Buscasso). Y una
encendida polémica periodística con el doctor Juan Alberto Eirale.
Fig
4.
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