Disfrutar de una vida plena es el objetivo del
ser humano, por lo tanto es preciso comprender
que es ineludible conocer de qué nos podemos
enfermar y cómo prevenir estas situaciones y
cómo mantener ese estado de salud.
Con esta finalidad deseo esbozar estas sugerencias:
La expectativa de vida en nuestro país se ha incrementado en forma constante en los
últimos 50 años, arribando a una probabilidad por encima de los 76 años.
Uruguay, con sus características poblacionales, baja
contaminación ambiental y desarrollo sociocultural hacen posible ese
privilegio.
Los motivos que llevaron a ese logro en el mundo, entre otras, está haber
dominado enfermedades que afectaron a amplios sectores de la población
(peste amarilla, bubónica, la tuberculosis, la rabia,) y en forma más
cercana, la parálisis infantil, las enfermedades infecciosas.
También influyó el dominio de las contaminaciones laborales y ambientales
como la silicosis, el plomo, carbón, asbestos entre otras, dio lugar a que
el hombre pudiera vivir más.
En primer lugar, es evidente la necesidad de ser concientes que podemos
enfermar, en forma individual "puedo ser yo" el que se enferma: despertar
nuestra conciencia de cuidar nuestra salud sin llegar al extremo de decir -a
mí no me toca- o de quien está permanentemente pensando en esa posibilidad.
Lo prudente es tener evidencias sobre cual debe ser el comportamiento a
adoptar con el fin de cuidar y prevenir el cáncer en nuestro cuerpo.
La forma de obtener esos valores es reconocer que la condición humana puede
ser mejorada mediante el uso apropiado del conocimiento, la ciencia y de la
tecnología.
Estas referencias no están dirigidas a la juventud, cuyos riesgos
mayores están relacionados a accidentes, preferentemente de tránsito,
primera causa de muerte entrada la tercera década de vida; sino que hacemos
referencia por encima de esas edades, sin embargo su conocimiento es de
valor, educando para evitar y prevenir factores de riesgo futuros.
El dominio de las enfermedades infecto-contagiosas ha sido uno de los
principales logros. Al aumentar la expectativa de vida comenzaron a surgir
enfermedades que antes no eran consideradas porque la esperanza de vida
limitada las hacía poco probables.
La principal causa de enfermedad y muerte del ser humano son las
enfermedades cardiovasculares, con un gran capítulo en cuanto a la
prevención y manejo temprano de ellas y que no son el motivo de esta
presentación.
Nos orientamos a la segunda causa de muerte, las enfermedades
tumorales malignas más frecuentes.
El cáncer, enfermedad conocida desde tiempos inmemoriales, eclosiona hace
un siglo como un riesgo importante para la humanidad, probabilidad que se ha
ido incrementando a pesar de las medidas aconsejadas de prevención.
Hasta ahora las posibilidades de tratamiento siguen apoyadas en tres pilares: la cirugía, las radiaciones y por último la quimioterapia, que, con sus mejoras han dado como resultado un aumento de la sobrevida y su calidad.
La
evidencia con vistas a curación, hasta el presente, es la prevención de la
enfermedad y, en segundo término, su diagnóstico temprano: cuanto más avanza
el proceso, disminuyen las posibilidades, pero aumentan las dificultades,
los sufrimientos, los costos económicos, sociales y personales de los
afectados, sus familiares y de la sociedad.
La primer pregunta que nos tiene que surgir es de qué nos podemos enfermar,
de adultos y desde qué edades prevenirlas.
Aplicaremos tres variables relacionadas al cáncer: SEXO, EDAD y ANTECEDENTES
PERSONALES Y FAMILIARES de enfermedades.
En la mujer el riesgo comienza a aumentar a partir de los 35 años, edad en la que cobra importancia la prevención del cáncer de cuello uterino, por estar muy emparentado a la presencia de infecciones crónicas, específicamente la presencia de determinadas cepas de herpes virus conocidos por sus siglas HPV.
Por lo tanto las mujeres deben tener un consejo
ginecológico a partir de los 25 años y consultar frente a cualquier duda o
anomalía y hacer a partir de los 35 años, controles periódicos.
Conjuntamente se sugiere la prevención de afecciones mamarias, expresadas en
forma de tumoraciones, deformaciones o secreciones por el pezón.
Lo cual
debe llevar a las mujeres al auto control y consultar anualmente al
ginecólogo y al mastólogo, quienes le ilustrarán y determinarán en forma
particular la conducta a seguir.
En ambos sexos y a partir de los 55 años tiende a presentarse el cáncer de
colon y recto, que sigue en frecuencia al de mamas. Estas afecciones
predominan en la sexta década de vida.
Por lo tanto está indicado prevenir la enfermedad a través de sus
manifestaciones, y el tratamiento de posibles lesiones previas como son los
pólipos intestinales.
Las manifestaciones, que no hay que esperar que aparezcan, son los cambios
del tránsito digestivo bajo, que hablan de que algo ocurre, como sangrado
intestinal, y no suponer que es por hemorroides -craso error-.
Tampoco
esperar el deterioro del estado general y la anemia, síntomas y signos
ominosos.
Llegado a esa franja etaria hay que tomar conciencia y consultar, primero
para ser informado y luego de evaluar, en carácter individual, por edad,
antecedentes personales y familiares, adoptar la conducta más conveniente y
adaptable a cada caso.
Ante el riesgo presente, los métodos diagnósticos a disposición son
directos e indirectos. Los primeros, son observar la luz del intestino
mediante una endoscopía, maniobra que necesita de una limpieza previa del órgano. Este método tiene la mayor seguridad diagnóstica, permite maniobras
terapéuticas, es decir que se puede tomar un trozo (biopsia) para hacer
diagnóstico o ser terapéutica por extirpar la lesión.
La conducta posterior variará de acuerdo a los hallazgos; partiendo de la premisa de que, quien no tiene antecedentes de cáncer personales o familiares o de enfermedad intestinal, no necesita otro examen en 10 años.
Una rectosigmoidoscopía y determinación de la presencia de sangre en el intestino, señalan que algo puede haber en el tracto gastrointestinal.
Una tercera opción es solo
realizar la determinación de sangre oculta en el intestino, en forma
seriada.
Diferentes estudios demostraron que el mejor método es la realización de una
endoscopía total del intestino grueso por ser diagnóstica de lesiones sin
síntomas, benignas, malignas y de ser terapéutica al poder extirpar pólipos
si es que los hay.
El error del método es menor que en los otros procedimientos.
Mientras que la rectosigmoidoscopía (endoscopía de los sectores distales del intestino) deja el resto (alrededor del 60%) sin ver y queda en manos de la determinación de sangre la presencia de una lesión que tiene que tener una manifestación aparente o inaparente: el sangrado.
De
igual modo el error aumenta con la detección exclusiva de sangre oculta en
materias fecales.
En una persona de edad avanzada, con afecciones asociadas y corta
expectativa de vida, la endoscopia total pueden representar un riesgo y es
aceptable la utilización de los otros medios expuestos o de maniobras
mínimas para despistar algo importante.
Si la expectativa de vida es
prolongada, conviene los métodos mencionados.
Las medidas fundamentales van dirigidas a una alimentación adecuada,
balanceada con una ingesta de fibras suficientes para tener deposiciones
diarias.
Los excesos de alcohol, tabaco, grasa y carnes muy asadas, son
contraproducentes, en igual forma determinadas anilinas (colorantes),
nitritos, preservantes alimentarios y la falta de ingesta de frutas y
verduras tienen su incidencia.
Otro cáncer frecuente afecta al hombre, el de próstata, aquí sí interesa
la edad y los antecedentes: el que se presenta por debajo de los 45 años y
tiene antecedentes familiares de esa patología y aquél sin antecedentes y
que ocupa la franja de 70 a 80 años que es la forma más posible.
Las conductas aconsejadas varían en esos términos, el estadio de la enfermedad y el urólogo sugerirá la conducta apropiada al caso.
Por otra parte, el cáncer gástrico está en vías de remisión, cuando no hay antecedentes familiares; sus manifestaciones se relacionan con la parte alta digestiva, cambios en ella, adelgazamiento, anemia y en general el paciente relata un largo sufrimiento que denomina gastritis o antecedentes de úlcera.
Influido
por el tabaco, alcohol, falta de higiene bucal, y, la no consulta.
El cáncer de pulmón, primer flagelo de la humanidad, que se incrementa en
forma exponencial desde la década de los 40, es harto conocido y en la mujer
se está incrementando en forma grave, por el grado
de contaminación ambiental del medio (polución) y su diagnóstico es en
general tardío, como lo demuestra el bajo índice de curación.
Por lo tanto la prevención es la llave para no afectarse
Por último, un cáncer frecuente es el de piel, entre ellos cobra importancia real el melanoma, relacionado con manchas pigmentadas , por la sobre exposición al sol, la falta de protección así como las radiaciones que influyen directamente.
Frente a lesiones que cambian de tamaño, sangran, y sobretodo las que están expuestas al roce hacen necesario consultar al dermatólogo.
Una mención aparte para los antecedentes familiares y personales: la existencia de frecuentes patologías neoplásicas o relacionadas como pólipos intestinales, enfermedades inflamatorias del intestino, determinadas patologías benignas cutáneas, y de otros sectores, en varias generaciones de una familia, tenerlas en cuenta y consultar ante la posibilidad de integrar grupos con más riesgo de neoplasias.
En estos casos es imprescindible saber que el comportamiento de la o las enfermedades se hace en patrones diferentes, en general relacionados a edades tempranas (2°-3° décadas de vida), y que algunas de ellas no están relacionadas con el sexo pero por su importante frecuencia, es necesario de un asesoramiento adecuado.
En suma, las medidas de prevención, como vemos son: un conocimiento básico
sobre el cáncer, que tiene predominancia por determinado sexo; considerar la
edad de la persona y sus antecedentes personales y familiares de
enfermedades; seguidos de mejorar el medioambiente como el tener conciencia
de la exposición al sol y otras radiaciones, una actitud conciente al
alimentarnos en cuanto al balance y volumen dietario; así como los valores
higiénicos de nuestra vida que inciden en contaminaciones, infecciones
crónicas por obesidad, alcohol, tabaco.
Las funciones fisiológicas de la persona deben cuidarse y no sobreponer a ellas las razones sociales.
Por lo tanto: ilustrarse, informarse, función primordial de los médicos y
personal relacionado y asesorarse de la adecuación de los métodos de
prevención de acuerdo a las características del medio y de la persona.
